El más afamado

Quizá como pocos personajes, o porque la industria mediática marca sus prioridades al revés, la presunta detención de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” ha ocupado tantos espacios impresos y electrónicos como nunca antes. Aunque hay un riesgo: si los medios no cuidan el manejo y administración de su caso, lo vendrán convirtiendo, poco a poco en un mito, en una leyenda y hasta en un héroe (o antihéroe, según sea la visión de cada quien). Lo consignado por la prensa -principalmente la impresa- a lo largo de la historia del país, es eso, la ponderación de los criminales, de los maleantes y delincuentes como primera oferta informativa, no importa si son parte del crimen organizado o desorganizado, de políticos de un partido u otro, o de la clase empresarial y religiosa. La nota de la maldad humana vence, gana, triunfa.
Recordemos al desaparecido Elías Canetti: “Cabría imaginar un mundo en el que jamás haya habido asesinatos. En un mundo así, ¿cómo serían los otros crímenes?”. O la pregunta del maestro Monsiváis: “¿Es la nota roja una gran novela colectiva, con episodios culminantes como hitos de la pequeña historia? O a Baudelaire: “¡Soy la herida y el cuchillo! ¡La mejilla y la bofetada! Soy los miembros y la rueda. Soy el verdugo y la víctima”.
En lo personal me da pena que el periodismo, sea impreso o electrónico, no tenga otros motivos y hechos, otras personas de quienes escribir y hablar. Somos un país tan envilecido que seguimos envileciéndonos. “El Chapo” debe sentirse feliz, es un éxito mediático como nadie. Entre ciento diez millones de habitantes es un verdadero vendedor de verdades y mentiras. Gracias a los medios su nombre y su historia son ya un mito (¿genial?), está en libros, en corridos, en la plática por todos lados y todas horas, es el mexicano más afamado en el mundo. Él, un cuate sin educación pero extremadamente inteligente, trajo vuelto loco al Estado Mexicano, a tres presidentes de la república con todo y sus costosos, aparatosos y casi igualmente ineficaces gobiernos, y otros gobiernos y agencias de investigación supuestamente poderosos. ¡Qué ridículo más grande! Eso sí, queda claro que nada es como se cuenta…ni desde los medios, ni desde Los Pinos, ni desde Washington. Todo es inexacto, inducido, controlado.
¿Y el deterioro real de la economía nacional y de las condiciones laborales? ¿Y qué con Michoacán? ¿Y el desempleo?


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