Venir a Zacatecas

Venir a Zacatecas capital estos días de Semana Santa ha permitido reencontrarse con el arte, la cultura, la historia, la música, el teatro, la gastronomía, la arquitectura, un envidiable medio ambiente y su amable gente (destacando sus agentes viales). Inobjetable que esta capital sea considerada -en diversos momentos de su historia- con títulos y calificativos que la ubican como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los zacatecanos, y todos los mexicanos, debiéramos celebrar esta ciudad, hermosa por donde se la quiera ver.

Hace años vine a un rápido encuentro con periodistas culturales, y varias veces pasé de largo en automóvil o autobús. Pero hoy, caminar por su centro histórico, recorrerlo, sus callejones, subir y bajar por empinadas calles y banquetas angostas y altas, embelesarme con viejos portones de madera, artísticos ventanales, balcones y enrejados, casas, edificios e iglesias, limpias plazuelasque honran a hombres y mujeres ilustres nacidos en esta entidad, ir a dar a los museos de elevada obra plástica y artesanías de renombrados y desconocidos zacatecanos, acudir a los teatros y conocer cómo actores y actrices jóvenes ensalzan su historia con leyendas y escenas –lo que muy pocos hacen en otras regiones-, ascender al imprescindible Cerro de la Bufa, entrar al moderno Museo de la Revolución con información y datos que no dejan duda de la trascendencia de Zacatecas en la historia revolucionaria de México, y leer, por ejemplo, en clara referencia a Venustiano Carranza, tan venerado en Saltillo: “…. De cincuenta y cinco años de edady larga barba blanca, el entonces gobernador de Coahuila era distinto al grueso de los demás revolucionarios, muchos de ellos entre los veinte y treinta años. Era un ranchero acomodado y uno de los pocos maderistas que había tenido puestos políticos en el régimen de Porfirio Díaz. Su gran ambición lo llevaría a proclamarse no sólo Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, sino a buscar la presidencia del país”.

Ha sido de ensueño transitar, ver y oler esta capital encantadora, de agasajo cultural, provocativa, de limpio y fresco aire. En septiembre cumplirá 470 años de fundada. Habrá que venir a regocijarse a este espacio de una  resistente mexicanidad.


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