Torreón, el compromiso

Con el inicio del año, el inicio de la nueva administración municipal. Torreón muestra otro semblante, como que le vino bien el cambio de autoridades, hay expectación, un aliento fresco, esperanza. El lenguaje del alcalde Miguel Riquelme ha sido, a escasos cuatro días de asumir el cargo, con una connotación más allá de las palabras pronunciadas. No sé si esperó el momento de ser presidente municipal para darle más fuerza a sus dichos, pero –y es mi apreciación- lo noto dueño del escenario, se sabe el actor principal del tinglado. Cuando en sus primeras horas como titular del ayuntamiento dijo “cambiemos la mentalidad del ciudadano”, “vamos juntitos”, “¡basta de descalificaciones, vamos a trabajar por Torreón!”, “no más pleitos personales aquí”, “nadie se va a agandallar el presupuesto”, “la sociedad está lastimada”, “vigilaré permanentemente a los funcionarios” (…), Riquelme marcó su raya, quiérase o no, con su antecesor. Está siendo inteligente, prudente. Sabe que se juega su futuro político en un puesto desgastado, criticado hasta la saciedad. Sabe que hay un proceso electoral en marcha que lo puede situar en una posición envidiable. Sabe que tiene en sus manos la más grande oportunidad de trascender, de veras, en la historia municipal y estatal. Sabe, pues, que ser alcalde, hoy, tiene sus ventajas y sus altísimos riesgos. Sabe que al interior del cabildo hay una oposición de calidad, conocedora, educada, que lo exigirá a tejer fino, a buscar consensos, a ser incluyente, plural. Sabe que así como ha empezado, ha empezado bien, sin necesidad de firmar un solo pacto (palabra prostituida desde el salinato) pero sí de establecer, tácitamente, un compromiso: Torreón y su población.
Gente de fuera de su partido, contrarios políticamente, empresarios dudosos, amas de casa y jefes de familia quieren creer en él, en lo que viene diciendo y prometiendo. Tendrá que cumplir. Ni Torreón ni los torreonenses aguantarán más burlas y engaños, corrupción y abusos. Eso me han dicho, y también les creo.
Mucho tendrán que ver los empleados y colaboradores de su gestión, en ellos se fincará el éxito o el fracaso de su ejercicio. Por ahora apostemos a lo primero. La reestructuración y  hasta introyección (orgánica) rendirán resultados en la medida en que sus funcionarios sean capaces de estar a la altura de la exigencia social e histórica de Torreón. No hay secretos. Sólo así se cumplirán las expectativas sembradas.


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