Solidaridad y discriminación

En diversas ciudades del país he podido leer lo que quizá es una propuesta limpia e incluyente de parte del colectivo Acción Poética, que deja sobre muros, paredes, bardas, la claridad de pensamientos e ideas hechos palabra. En Culiacán me topé con “Cuánta discriminación en un mundo de imperfectos”. Frase que hubiese querido guardarla, como muchas otras, y dejarla reposar en el tiempo. Pero no. La crisis de los jóvenes estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, obliga a difundirla otro poquito. ¿Por qué? Porque pareciera que este nuevo capítulo que vivimos en México, sólo pertenece a ese puñado de normalistas y a sus familias. Es, otra vez, en la historia triste y terrible de la división de clases sociales en nuestro país, la constatación de la discriminación y del racismo que campea. Cierto que la tragedia, porque es una verdadera tragedia lo acontecido en Ayotzinapa a los alumnos de la Escuela Normal “Isidro Burgos”, si bien despertó la solidaridad de universitarios de instituciones públicas y privadas, de muchachos mexicanos estudiando en el extranjero, no ha contado con el respaldo, con el apoyo decidido y público -al menos en la Zona Metropolitana lagunera- de la clase política comarcana, de las iglesias, de los titulares de los institutos municipales de la juventud, de las secretarías de la Juventud y de Cultura, de artistas e intelectuales, de los partidos políticos, de los periodistas, de los dirigentes universitarios, de la apapachada empresa Santos Laguna SA de CV (aunque ésta sí pide el apoyo de la raza), de los sindicatos, de las protagónicas organizaciones de la sociedad civil lagunera, de los consejos ciudadanos de quién sabe qué tantas cosas, de las cámaras y organismos empresariales, de personas, instituciones y dependencias que existimos en la región y que, todo indica, vemos de lejitos, y hasta ajeno, el problema de los estudiantes normalistas guerrerenses.El tema no ha logrado que el presidente Peña Nieto acuda al lugar de los hechos, que vaya y dé la cara a los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, que converse con los familiares de los 43 desaparecidos, que asista con su gabinete de seguridad y hable y prometa y cumpla. El caso Ayotzinapa no incumbe ni es exclusivo de los normalistas, ni de Guerrero. Compete al país, a los mexicanos. Porque el sistema político nos está rompiendo la madre a todos. Poco a poco nos desaparece. ¿No nos hemos dado cuenta? 


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