Sabor callejero

A lo largo del día, sea por razones de trabajo, relaciones personales o familiares, las pláticas se suceden una tras otra. Las conversaciones van de lo meramente particular a lo social. Procuro escuchar más que hablar. Pregunto, claro. Incluso, con esa intención me subo a un autobús de pasajeros, abordo un carrito de la ruta o un taxi; o al caminar en el bosque, la Alianza, la alameda, la Morelos; igual si voy a un restorán o una fonda en el mercado Juárez, al bar, el aula, la universidad o a donde tenga chance en el plan que sea, intento eso: escuchar. Así, sé de estados de ánimo, de alegrías y tristezas, de satisfacciones o rabietas, de posiciones y actitudes. No han sido pocas las ocasiones en que me ha tocado observar accidentes automovilísticos, insultos entre jóvenes –mujeres y hombres- o regaños de madres a sus hijos en plena vía pública; o ser testigo de plantones, marchas y manifestaciones. También, escuchar a funcionarios, a políticos (¡uf!) de cualquier partido, nivel y calidad profesional y moral (incluyendo inmorales y amorales), a académicos, estudiantes universitarios, personas del ámbito cultural y artístico. Trato de desmenuzar discursos, homilías, sermones, sus estilos de comunicarse a través de la palabra hablada, que es, dicen, la forma plenaria de la comunicación humana. Y, sea en un escenario o en otro, lo que vive uno en la calle marca diferencia. Es una interminable sucesión de micro historias propias de la cotidianidad, de los sube y baja de la vida, de este vivir Torreón en Torreón, de este transcurrir de la historia, de mi historia, en Torreón, Gómez Palacio, Lerdo, Matamoros o San Pedro, lugares entrañables, municipios recorridos desde 1983 y conocidos desde 1973. Ver y escuchar, escuchar y ver. Quisiera darme el tiempo para escribir acerca de todo ese mundo de palabras, de vivencias, de experiencias, de personalidades, unas transparentes, otras ocultas; unas atrevidas, otras lúcidas; unas temperamentales, otras cerebrales; unas de bellos seres humanos, otras castigadas por quién sabe qué circunstancias. Todas, aleccionadoras. Escuchar para aprender ahí, en las calles, donde saboreo más la vida, mi vida. 


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