Relatos de la toma

John Reed fue el periodista que cubrió, palmo a palmo, las andanzas de Pancho Villa. En México Insurgente demostró su capacidad periodística para retratar, en detalle, lo que vivió al lado del ejército revolucionario:


“Un viejo peón agobiado por la edad y vestido de harapos, deambulaba por el arbusto bajo, juntando ramitas de mezquite.


-Oiga, amigo –le preguntamos-. ¿Hay alguna forma de acercarnos más a la batalla?
Se enderezó y se quedó mirándonos.


-Si ustedes hubiera estado en esto tanto tiempo como yo –dijo- no se preocuparían por ver la batalla. ¡Caramba! Los he visto tomar siete veces Torreón. Algunas veces atacan desde Gómez Palacio, otras desde las montañas. Pero siempre es lo mismo, la guerra. Hay algo interesante en ella para los jóvenes, pero para nosotros los viejo, estamos cansados de la guerra. Alzamos la vista y nos quedamos contemplando la planicie.


-¿Ven ese canal seco? Bueno, si ustedes se meten a él y lo siguen, los lleva hasta la ciudad-. Y después, como una conclusión, agregó sin curiosidad-: ¿De qué bando son?


-Constitucionalistas.


-¿Ven? Primero eran los maderistas, después los orozquistas y ahora, eh ¿cómo es que le llaman?


     Soy demasiado viejo y no tengo mucha vida por delante. Pero esta guerra se me hace que todo lo que consigue es que muramos de hambre. Vayan con Dios. (…)


Fue después de haber visitado el canal para beber agua, que Treston dijo casualmente:


‘-Uno de nuestros hombres encontró esto flotando en el canal, hace rato. No puedo leer español, por lo tanto no sé lo que significa. El agua de estos canales proviene del río que cruza la ciudad, así que pensé que pudiera ser un papel federal. Lo tomé. Era un pedacito de papel doblado, como si fuera la esquina y el frente de un paquete. En letras negras se leía ARSÉNICO, y en tipo más pequeño ¡Cuidado!


¡Veneno!


Le pregunté, sentándome de pronto:


-¿Se han dado casos de gente enferma por aquí?


-Es curioso que lo pregunte, dijo. Muchos de nuestros hombres han tenido calambres muy fuertes en el estómago, y yo no me siento bien. Justo antes de que usted llegara una mula de repente se tambaleó y fue a morir al otro campo, también un caballo al otro lado del canal. Dijimos que probablemente era la fatiga o la insolación…


Afortunadamente el canal llevaba mucha agua corriente, así es que el peligro no era mucho.
Le expliqué que los federales habían envenenado el canal’”.


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