Proliferación del arte

Mujeres y hombres, de diferentes edades, son teatreros, cantantes de ópera, coristas, solistas, duetos, músicos, compositores, literatos, poetas, ensayistas, ejecutantes de danza en sus múltiples formas y estilos, pintores, grabadores, escultores, caricaturistas, fotógrafos, performanceros, directores y productores de cine y video… El talento corre por la región y Torreón es el epicentro de este largo y esperanzador despertar de las artes.

Los ejemplos inundan. Hay individuales y grupales. Las instituciones están siendo rebasadas por el torrente de expresiones. No todos (generalizando a mujeres y hombres, ¡puf! que lata con eso del lenguaje no sexista) recurren a lo oficial y privado, el talento ha brotado y mucho de él se resiste a acudir a las instancias y dependencias de gobierno y particulares para no ver empantanado o detenido su proceso. Este movimiento natural, propio de la pujanza y carácter regional, viene bien porque ha permitido conocer un sinnúmero de propuestas que, de otro modo, desconoceríamos. La riqueza actual del arte, libertario, irreverente, desparpajado, ajeno a capillas y talleres, a lo que algunos tótem(s) quieren seguir pregonando, está alcanzando estadios importantes. Nadie tiene la razón, nadie acaba por serlo todo, nadie tiene la última palabra. La niñez y juventud, y en algunos casos los artistas ya maduros, desde sus talentos y vocaciones, con y sin apoyo, están construyendo arte. Su aparición lo mismo es en las colonias populosas, que en las clasemedieras y/o altas; surge en las escuelas públicas producto del espontaneismo, o como consecuencia de la intervención de una maestra o un profe, que en los colegios; igual en las universidades públicas menos prestigiadas o mentadas en la prensa, que en las de siglas fijadas por los medios. Hay bardas y paredes (tengo fotos testimoniales) con ricos esbozos pictóricos y frases lapidarias.

A fuerza de abandonos, el talento y vocación hace suyo el derecho humano de expresarse. Teatros, cines, poquitas galerías, algunos espacios, museos, secretarías, institutos, centros, academias, departamentos y universidades parecen innecesarios cuando incipientes artistas optan por hacer suyas las calles, cruceros, bardas, camiones, cartulinas, hojas de papel, madera, árboles, antros, cafeterías, cantinas, bares, torterías y restaurantes para decir: “soy artista”. 


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