Periodistas de a pie

Afortunadamente no es generalizado, pero a fuerza de ser señalado como un gremio ninguneado, corrompido, señalado, desleal…hasta llegar a ser agredido y violentado como nunca, los periodistas mexicanos estamos en plena etapa organizativa para levantarnos como la verdadera fuerza transformadora que somos y representamos. No podíamos esperar más. Las decenas de periodistas asesinados y desaparecidos en el país, provocó que hoy, cuando menos 200 colegas de diversas partes de la república, estemos reunidos por segunda vez en menos de seis meses.
Lo hacemos con una convicción clara y profunda: debemos prepararnos en lo individual y en lo colectivo para lo que viene, que es aún más fuerte que lo que vino, que lo que está.
Marcela Turati, Anabel Hernández, Daniela Pastrana, Celia Guerrero, María Idalia Gómez, entre otras compañeras periodistas, por un lado encabezan y celebran el séptimo aniversario de “Periodistas de a pie”, esta organización de veras independiente. Lo hacen compartiendo cursos, conferencias, talleres, intercambios de experiencias, de vivencias entre quienes, en Latinoamérica y en España, de una u otra forma, estamos en este oficio luchando porque el silencio no aniquile la voz y el trabajo comprometidos. No podemos, no queremos saber de ese impacto que mataría la esperanza de millones de compatriotas necesitados de ser vistos y escuchados por las autoridades y los poderosos.
Por eso, esta semana que concluye, acudimos a esta cita en el Centro Cultural España cuatro periodistas de Torreón. Y participamos, escuchamos, opinamos, decimos, preguntamos, respondemos; nos emociona la palabra que ejemplifica, las experiencias y enormes satisfacciones que brinda el periodismo profesional, social, humanístico, decente, responsable. Es, como se dijo: una convivencia de la confianza entre pares. Por eso la tarea de asociarnos y de crear redes entre los periodistas mexicanos, de prepararnos más y mejor, de desterrar los egos, de capacitarnos, de actualizarnos, de cerrar filas en torno a nosotros mismos, de conservar la esperanza vital de encontrar la justicia social desde el periodismo. La tarea se cumplirá, creemos, lo mismo en las altas montañas de Guerrero, que en Sinaloa, Oaxaca, Guadalajara, Tamaulipas, Tijuana o Tapachula y la Laguna. El compromiso es hacerla lo mismo en la página de internet más modesta, o en el impreso más modesto. Y así será en los múltiples espacios que nosotros mismos abrimos tras cerrarse las puertas de ese periodismo convencional y convenenciero incapaz de entender que hay una misión social que ya no puede posponerse.



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