Imagen lastimada

Nuevamente estoy fuera de Torreón, de la Laguna. Por razones profesionales salí de la región desde el pasado jueves y, lo que sigo escuchando cada vez que acudo a otras partes del país son comentarios duros -y a la vez solidarios- con la ciudad cuyo eslogan oficial es “Ciudad que vence”, y en concreto con sus comunicadores.
     Sea Guadalajara, Puebla, Oaxaca, Xalapa o el Distrito Federal, los colegas periodistas, a la vez de críticos a veces implacables, se muestran fraternos al creer –creo yo erróneamente- que en Torreón lo que impera en sus calles, en su cotidianidad, es el caos, el desorden, los balazos, las prácticas inerciales de viejos gobiernos que todo lo corrompieron y hoy se han engullido la dignidad, la entereza, la pujanza y la esperanza de la sociedad torreonense. En mis adentros me pregunto si de verdad estarán enterados o desinformados de lo que sucede en suelo comarcano. Porque, incluso, periodistas que gozan de un prestigio y amplia trayectoria ganados a base de un trabajo serio, profesional, de larga permanencia, al intercambiar comentarios con quien esto escribe casi dan por hecho que es imposible la vida en Torreón y en la Laguna.
No les arrebato la palabra, no es mi costumbre. Escucho y sigo escuchando con atención, callado. Cuando les doy mi versión, igual me escuchan y se suaviza su percepción acerca de la región. Pero definitivamente no basta.
Torreón tiene que salir de sí, echar abajo el muro de sus lamentos y situarse en un mejor lugar en el concierto nacional. La ciudad y su gente lo valen. ¿Cómo? Con trabajo, con ideas claras que le den rumbo en prácticamente todas sus áreas por hoy deprimidas. Esto exige un pensamiento diferente, romper paradigmas y establecer líneas que la conduzcan, desde adentro, hacia planos de desarrollo y bienestar social. Por ahora, entre un cuestionado gobierno y los eventos por todos conocidos, la fama es mala y lastima principalmente a sus habitantes. La imagen de Torreón fuera de Torreón no es la mejor.Pero reconocerlo es empezar a enderezar el camino. Exige compromisoe incumbe a autoridades, empresarios, universidades, trabajadores, jóvenes y, desde luego, a los medios de comunicación. También es su responsabilidad.
Observar y reflexionar profusamente lo que se hace, cómo y quiénes lo hacen, podría darnos un mejor diagnóstico de lo que de veras queremos transformar de, por y para Torreón. Y hacerlo.


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