Hoy recordé

Este viernes 19, me di tiempo, por espacio de varios minutos, de recordar lo que me tocó, como periodista, ir a cubrir hace 29 años a la capital del país. Aquel 19 de septiembre de 1985, al trabajar para La Opinión (hoy Milenio Laguna), mi directora, Velia Margarita Guerrero, me envió a la ciudad de México para que reporteara y enviara información de la tragedia que sacudió no sólo las entrañas del Distrito Federal sino del país mismo. Salía yo a una entrevista cuando me alcanzó en la entrada principal del periódico y me indicó que tenía unos minutos para llegar al aeropuerto y volar a la ciudad de México. Tenía que trasladarme al lugar de los hechos y recopilar información. La magnitud del terremoto averió todas las formas de comunicación entonces posible. Allá fui.Cuatro años antes, aún estudiante de periodismo en la Escuela “Carlos Septién García”, caminé una y otra vez esos inolvidables rumbos de la Alameda Central, de las avenidas Juárez, Hidalgo, Madero, el Zócalo; por ahí me sentaba a escuchar a los cilindreros, a observar a los chilangos… Todo lo que contemplé y conocí de la gran ciudad en pleno centro, prácticamente estaba destruido: edificios y más edificios, automóviles, árboles, calles que semejaban haber sido bombardeadas, incendios por aquí y por allá, los bomberos heroicos luchando, ambulancias llorando la desgracia, gente corriendo, gritando, lamentando, ayudando a buscar vida de entre los escombros. El caos fue doloroso, el dolor fue inhumano. Y uno, periodista, ahí, testigo enmudecido, soportando la experiencia, recogiendo palabras, testimonios, imágenes que permanecen en mis ojos, como el seguir escuchando los ayes de dolor, de muerte. Horas, largas horas caminé al lado de Fausto Fernández Ponte, un periodista insuperable. Me aconsejó, estuvo cerca de mi. Él ya era Fausto Fernández Ponte, trabajaba en Excélsior. Me orientó con toda la posible humildad y sencillez que le fue posible en esos durísimos momentos.Si apenas nueve meses pude acercarme a la muerte en Nicaragua en la contrarrevolución sandinista, ahora la olía, la conocía en los cuerpos sepultados bajo escombros, en la tierra zanjada. Ayer estuve recordando que la naturaleza es grandiosa, que sólo ella sabe, en sus caprichos tremendistas, en sus enojos avasallantes, sacudir conciencias… si es que éstas existen. Ayer recordé que el periodismo ha sido, es, y será, mi única forma de vida, de vivirla ahí, en las calles, con la gente, con mi raza. 


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