Gracias a…

En poco más de cien días transcurridos de este 2014, la muerte, ese proceso inevitable de la vida, se ha llevado a no sé dónde, a personas vinculadas, casi siempre, primero, al periodismo, y luego a la literatura. Enterarse de sus decesos ha sido doloroso. Gelman, Pacheco, García Márquez… Como antes los de Fuentes, Monsiváis, Dehesa, Granados Chapa, Fausto Fernández Ponte, Fidel Samaniego… O más nuestras, las desapariciones de Eliseo Barrón, Fernando Martínez, José María Mena, Heriberto Domínguez, Jorge Rosel Acosta, Manuel “Menny” González… Y todavía antes las de Jaime Pámanes, Alfredo Aguilar, Hugo Lozano, Lupito Morones, Juan de Dios Hernández. Y la consternación por la muerte de Jorge Méndez Garza, Pancho Amparán, Toño Jáquez, Paco Herrera Arce, Poncho Flores Domene, don José Santos Valdez.
De la de García Márquez me entero en Xalapa, precisamente en la biblioteca “Carlos Fuentes”. Me pregunto por qué en jueves santo. Un día bellísimo en la capital veracruzana, con un clima envidiable, una neblina y un cielo únicos que abrazan la noticia y la hacen eterna. Me ponen a pensar, a recordar las lecturas en casa, muy jovencito, del escritor colombiano más mexicano de todos los tiempos. No caeré en la tentación de citar títulos, párrafos, frases o pasajes de una vida y una obra inmensas como han sido las del famoso Gabo. No. Mejor le digo “¡gracias!”. Gracias por regalarnos a la humanidad su pensamiento, su inteligencia, su brillantez, su decencia intelectual (que inumerables intelectuales no podrían presumir), sus historias, su don y su arte. A mi, en lo personal, leer a García Márquez me impidió caer en la soledad, en el aburrimiento, en el desamor, y hallar nuevas formas de escribir, de redactar, pretender otro estilo, y de hacer, por supuesto, una fiesta en mi corazón. Por sus ideas políticas, pude comprobar que sí es posible pensar y vivir diferente y darse esos pequeños lujos de desafiar al autoritarismo y a la imposición, pero además celebrarlo cada momento posible.  
A él, a García Márquez, y a quienes en este espacio hoy cito (pido perdón por mi desmemoria, sé que me faltan), mil gracias. Haber coincidido un instante en vida con ellos y su trabajo ha sido maravilloso, un privilegio. Por ahí estaré en Bellas Artes el lunes para decirle a Gabo, de frente: “gracias por haber considerado y convencerme de que el periodismo es el oficio más bello del mundo”.…/.


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