Encampañados

(En recuerdo al maestro Manuel Buendía,
en el 30 aniversario de su asesinato)

Y llegaron las campañas para diputados locales en Coahuila. Bueno, en realidad, desde hace años vivimos en tareas de proselitismo permanente. Si no gobierna el PRI, lo hace el PAN; si uno administra, el otro le pega; si los panistas quieren subir  el tema de la deuda pública, los priístas lo rechazan; que si la licitación del alumbrado, que si los tinacos, que aquí y allá; que si el candidato o la candidata; que si la inseguridad y la violencia –siguen sus latigazos- y sus obvios silencios ¿electorales?; que si PRI, PAN y todo el sistema planetario de minúsculos y costosos partidos políticos con sus satélites. ¿Ya los vio usted amigo lector? Ahí andan, ¿no los ve?


Las elecciones son una pachanga y al final de ella viene la resaca, la cruda…realidad. Como en el futbol. Cada semana los jugadores dicen que trabajan para obtener los mejores resultados el domingo, “pero bueno, no siempre salen las cosas. Tenemos que seguir trabajando para corregir los errores”. Semana tras semana, torneo tras torneo. Y ahí está la gente, ahí va la fanaticada enajenada, los apoya creyendo en ellos cada juego, cada elección, el estadio se llena, Juan Pueblo quiere, anhela una satisfacción pasajera, un momento de alegría; sufre y goza por 90 minutos; sufre y sufre por tres años ¿de…?


Legislaturas van y legislaturas vienen y la gente, la raza, las familias, los niños, los jóvenes, no ven qué hacen por ellos, en términos reales, los diputados de ningún partido. ¿Qué hacen nuestros representantes populares? ¿A quién sirven? ¿Sirven? ¿Hacen leyes? ¿Reformas constitucionales? ¿Traen inversiones? ¿A dónde? ¿Generan empleos? ¿Cuántos? ¿Pavimentan calles? ¿Bachean? ¿Perforan pozos para saciar la necesidad creciente de agua? ¿Qué legalizan? ¿A quién meten en cintura? ¿Son honestos, decentes, derechos? ¿Cómo son? ¿Cómo fueron de niños, de jóvenes, de adultos? ¿Estudiaron? ¿Fueron, son estudiosos? ¿Son liberales o conservadores? ¿Son plurales o dan pura bolita? ¿Cultos o incultos? ¿Qué lenguaje hablan? ¿Creen en dios o en el diablo? ¿Se comprometerían a volver a dar la cara y rendir cuentas a la gente de su distrito después de alcanzar el cargo?


El efecto social de cada elección es inevitable, para bien o para mal. La prensa vuelve a tener en sus manos la maravillosa oportunidad de elevar la responsabilidad política y cívica de todos. ¿Se atreverá? ¿Nos atreveremos a cumplir unos y otros?


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