Currículum impecable

La disputa electoral por Coahuila, como antes lo fue por Durango, atravesará diversos momentos que la harán especial. De hecho, con la pérdida ante el PAN de las principales alcaldías del estado hace tres años -y su apretado triunfo en Torreón-, el PRI empezó a hacer su campaña por la gubernatura desde el primer día de la administración municipal de Miguel Riquelme. Éste, guiado por los intereses del gobernador Rubén Moreira, se vino convirtiendo paso a paso en su primera opción en la línea sucesoria.

Y, aunque no está oficializada su candidatura, las flechas apuntan hacia ese objetivo. Riquelme ha sido fiel al mandatario, no le ha importado la andanada de críticas, golpes, juicios y ataques desatados contra el llamado “moreirismo” (aunque hay quienes le llaman moreirato). Yo no sé si finalmente será el ungido. Y si lo es, sea capaz, él, de encabezar un movimiento político que se sacuda de esos lastres que la voz popular le endilga al moreirismo. Otro factor que hace atractiva la elección estatal será observar si el penoso escenario nacional de gobiernos y ex gobiernos priistas, llenos de corrupción y podredumbre, afectan el voto de los coahuiltecas.

Una elección -lo vimos con lo sucedido en la renovación de administraciones en varias entidades- ya no es unilateral, no puede fincarse en encuestas, en diseños excluyentes y en supuestas redes vecinales. Aún menos en trabajos y obras que son obligación realizar, o en el despliegue costosísimo de comunicaciones mediáticas.

La lucha por el poder político mucho se basa hoy, se reconozca o no, en la trayectoria profesional, en la calidad moral, en la sana presencia pública, en la probidad y en la correcta medición y lectura del lenguaje. No se trata de mercadotecnia política, tampoco de tejer redes tenebrosas o componendas en lo oscurito, sino de un abierto combate a lo que el PRI-gobierno arrastra: corrupción, violación de derechos humanos y autoritarismo. Un curriculum casi impecable. 


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