Acostumbrados

Finalmente uno acaba por acostumbrarse a lo que sea, a casi todo. El volver al horario normal, con el que –creo- la mayoría de la población nació y creció, también remueve el diario vivir.

Es decir, prácticamente estamos acostumbrados al llamado “horario de verano”. Igual sucede con, por ejemplo, los abusos de los agentes de vialidad o de los taxistas, con parte de la alta burocracia política y administrativa, con el mal trato de algunas recepcionistas en oficinas públicas o privadas.

Pero también con la parcialidad en las políticas públicas de instituciones y dependencias de gobierno -seas programas sociales, educativos, culturales, deportivos, de salud…-. O con el tratamiento y política informativa de los medios de comunicación, a los oscuros resultados de elecciones constitucionales, sindicales o en universidades.

Como nos acostumbramos, enojo, rabia e impotencia de por medio, a los abusos de los bancos y de las empresas gubernamentales.

A las costosas campañas electorales de candidatos que nunca debieron ser tales. Nos acostumbramos a vivir así, entre resignados y sometidos a decisiones verticales, a bajar la cabeza y a guardar silencio, nos acostumbramos a obedecer, a atender indicaciones, a ganar bajos sueldos, a medio cumplir, a medio estudiar, a medio esforzarnos, a esperar a que otros hagan por nosotros lo que nosotros debiéramos hacer.

Nos acostumbramos a tener malos gobernantes, a la negligencia e ineficiencia de autoridades, a dar por ciertos rumores y chismes, a la comentocracia, a aceptar una partidocracia y no una verdadera democracia.

Nos acostumbramos a vivir sabiendo de asesinatos, crímenes de odio, violaciones a nuestros derechos; a asaltos, robos, atracos, corrupción, impunidad. Nos acostumbramos a ver indigentes, enfermos mentales, niños, jóvenes y ancianos sobreviviendo en las calles, en los cruceros.

Nos acostumbramos a que cada sexenio federal nos prometa todo y no haya nada relevante que se traduzca en bienestar real para la población, a que haya detenciones emblemáticas que no resuelven nada, a que haya fugas espectaculares e increíbles, o que nunca se detenga a verdaderos delincuentes vestidos de autoridades.

En México nos acostumbramos a todo. Tan fácil como el irnos a dormir en un horario y amanecer en otro.   


ferandra5@yahoo.com.mx