La vida inútil

Del "gasolinazo" al "galletazo"

El tremendo movimiento social y de opinión que ha suscitado el gasolinazo en amplios sectores de la población me ha hecho reflexionar, con cierta crudeza, acerca de la economía de nuestro país, que no ha visto la suya en décadas.

Cuando era niño, las conversaciones cotidianas de mi mamá con sus amigas comenzaban siempre con un inexcusable “qué caro está todo, ¿verdad?”. La recuerdo siempre buscando las ofertas del día en el súper o en el mercado. Frecuentemente, buscando rebajas, mi madre las encontraba, pero no en el precio sino en la cantidad. Le daban el kilo de tomate rebajado, de un kilo, a 850 gramos.

Sé de economía tanto como de histopatología y no quisiera incurrir en el despropósito de emitir opiniones sobre la materia. La única economía que manejo es la de mi casa. No puedo decir que la domino porque a veces se me pasa la mano y en el balance mensual resulta que el “debe” y el “haber” no están parejos. En otras palabras, debe haber pero no hay. 

Ustedes saben, cuando uno piensa que ya pasó lo peor con los gastos de la Navidad, vienen las inscripciones; luego se descompone el refrigerador o el carro y generalmente los componentes que, irónicamente se descomponen, son más caros que el objeto dañado en cuestión. Las colegiaturas -quienes tienen hijos en edad de estudiar lo saben- suben vertiginosamente año con año y los libros y útiles escolares también. Los seguros del auto, de la casa, de gastos médicos, de esto y de aquello, lo único que tienen de seguro es que cada año suben su costo.

La despensa semanal -como le llamamos al inventario de insumos y abarrotes que necesitamos para satisfacer las necesidades básicas del hogar- cada vez sale más onerosa y el salario rinde menos. Que yo recuerde, ni en mi vida de hijo estudiante, ni en la de padre de familia, me tocó jamás llegar al súper y que el cajero me diera la sorpresa de que, gracias a la excelente administración gubernamental y a la bonanza económica mundial, bajaran los precios de la carne, la leche, las legumbres o el papel sanitario.

La energía eléctrica es otro insumo que en casa  nos ha provocado dolores de cabeza. Pero sobre todo de bolsillo. Por mucho tiempo, el recibo de luz bimestral fue tan alto que parecía que en nuestra casa electrocutábamos a dos personas al día. Fue así que buscamos alternativas para economizar el consumo. Cambiamos todos los focos tradicionales por modernos focos ahorradores tipo LED. Es verdad que consumen menos energía, pero sus precios son tan elevados que da la sensación de que uno está pagando la luz por adelantado.

El recibo del agua también llegó del cocol este año. La compañía proveedora del suministro, hace un estimado anual del consumo y eso factura en el recibo. Pero todo indica que el estimado del 2017 no nos estima a nosotros ni tantito. Casi cincuenta por ciento superior al año anterior.

Pues bien, señoras y señores, para poner la cereza en el pastel, recién se publicó en los diarios que los diputados federales se despacharon el año pasado con un presupuesto de más de 1 millón de pesos por concepto de ¡café y galletas! Un millón de pesos alcanza para una vivienda del Infonavit o para más de 900 aguinaldos para gente que gana el salario mínimo, agregaba una de las notas que leí. No es que uno les quiera regatear a nuestros representantes el derecho a tomarse un cafecito y empacarse unas galletas para mitigar un poco el cansancio durante sus jornadas de intenso trabajo, pero un millón de pesos en ese rubro nos pone frente a otro escándalo, adicional al de la gasolina: el galletazo.

Y así, que no nos extrañe que en los próximos meses aumenten los precios, como lo han hecho toda la vida y un poco más, de toda suerte de productos de consumo diario. Preparémonos para el tortillazo, el lechazo, el panazo, el verdurazo, el huevazo, etcétera.

Solo nos resta a nosotros, los afectados, ponernos a trabajar intensamente y responder con el mejor recurso que tenemos a la mano, o, mejor dicho, en el pie: el zapatazo. Y éste se lo asestaremos a quienes no han sabido gobernar con eficiencia, bien colocado en el trasero, en las próximas elecciones. ¿O usted qué opina?

@jmportillo