La vida inútil

Todos los caminos conducen a Nogales

Guadalajara es una de las ciudades más bellas y disfrutables de México. Habitantes y visitantes la gozamos en serio. Tiene historia, tradiciones, artistas célebres, añeja arquitectura, gastronomía inimitable. Tiene muchachas guapas por todos lados. Con esto quiero decir que son guapas por arriba y por abajo, por lo anterior y lo posterior.

Por otra parte posee paseos, avenidas, calzadas, vericuetos y laberintos que hacen reflexionar que las calles de ciudades antiguas como ésta, fundada en 1542, se abrían paso siguiendo la ruta que le imponían su necesidad y capricho, acorde a su época.

Lo curioso es que siglos después, Guadalajara, con todo y su relevancia como una gran capital, y a pesar de haber más de 3 millones de automóviles circulando en la metrópolis, el tráfico y el diseño de vialidad se mantienen en el Cretácico Inferior.

Me explico. Quienes vivimos en Guadalajara y usamos un auto para transportarnos, tenemos que familiarizarnos a golpe de volante con las rutas que nos conducen a tal o cual lugar, conocer los sentidos de las calles, saber cuáles son las vías rápidas que en ciertas horas son las más lentas, así como bregar con la falta de señalamientos adecuados. Para transitar por las calles de esta ciudad hay que ser tapatío.

Siempre ha estado en mi curiosidad la pregunta ¿por qué será que en Guadalajara todos los caminos van a Nogales y a Saltillo?

Ésta última se encuentra a unos 700 kilómetros de distancia y, dicho sin desdoro de la capital coahuilense, creo que entre Guadalajara y Saltillo hay sitios a los que, por su cercanía o su importancia turística, valdría la pena darles prioridad en las señales que las autoridades de vialidad ponen para orientación del ciudadano.

Sólo por citar algunos de los puntos intermedios entre Guadalajara y Saltillo que podemos encontrar en las diferentes rutas, mencionaré a Tepatitlán, San Juan de los Lagos, San Luis Potosí, Aguascalientes o Zacatecas.

Y qué decir de Nogales, la ciudad fronteriza del estado de Sonora. De ella nos separa la friolera de 1,650 kilómetros por autopista. ¿A cuánta gente que pretende salir de Guadalajara o pasa por aquí le interesará saber dónde se encuentra Nogales? No sé qué piensen ustedes pero creo que es de mayor utilidad informarles dónde está la salida al Pueblo Mágico de Tequila, a Tepic, a Puerto Vallarta o a Mazatlán. ¿Pero Nogales?

Concordemos en que Nogales representa el punto extremo de esa autopista y nos da un norte -literalmente- del rumbo a seguir; pero si a esas vamos, la Salida a Nogales, como se le conoce coloquialmente a ese escape de la ciudad, podría ser denominada la Salida a Nueva York o la Autopista a Alaska.

De acuerdo, estas carreteras en su momento fueron llamadas así porque el proyecto de ingeniería comprendía esos extremos: es decir, la obra empezaba en Guadalajara y terminaba en Saltillo, lo mismo para el caso de la Guadalajara-Nogales. Una razón estrictamente técnica. Pero, con el gentil propósito de darles una orientación útil a los viajeros, hubiera sido un bonito gesto de las autoridades emplear otra nomenclatura, más amigable y eficaz.

Hay más: señales que indican el camino hacia el aeropuerto o hacia el centro de la ciudad y que de pronto dejan de aparecer en la ruta dejándonos en la indefensión, líneas blancas sobre las calles que no se alcanzan a percibir ni a plena luz del día porque parece que fueron pintadas con pinturas de agua, puentes que no te atreves a tomar porque ignoras a dónde te conducen, semáforos de anticipación que nadie sabe para qué sirven, avenidas de tres carriles que sin previo aviso se achican a uno solo y te obligan a cerrar filas para permitir que otros se incorporen sin piedad a la avenida, so pena de entrar en un pantano de bollas o de chocar con el auto que viene a usurpar el que hace tres segundos era tu carril. Sálvese quien pueda.

El balizamiento de las ciudades debería estar hecho por profesionales con alguna especialidad en el tema. O, por lo menos, estar a cargo de gente con sensibilidad para determinar qué información necesita y espera recibir anticipadamente un conductor que transita por las vialidades.

Los tapatíos lo agradeceríamos. Y los turistas no se diga.

@jmportillo