La única solución

La crisis de soberanía que vive México es aún peor de lo reportado. Encuentren mis comentarios sobre cómo llegamos a este punto aquí: osomaloso.com/la-muerte-de-la-derecha/ Además de la frustración que sentimos todos los mexicanos con nuestro gobierno, hemos provocado una noticia mundial sobre la inestabilidad del país con graves consecuencias. Los analistas bancarios ya circularon la recomendación de liquidar inversiones en bienes mexicanos, abiertamente los grandes inversionistas están buscando sacar capital del país y la imagen de inseguridad ha causado daños irreparables en el ánimo de turistas e inversionistas extranjeros. Hemos escuchado mil culpables y recetas para el cambio las últimas semanas. Usualmente las opiniones caen entre los paternalistas que creen que la responsabilidad cae en el gobierno y los activistas que creen que la ciudadanía tiene la responsabilidad de tomar manos en todos y cada uno de los temas. Me atreveré a decir lo que nadie quiere escuchar, la verdad es que, como todas las naciones, tenemos el gobierno que nos merecemos, el que hemos construido y alimentado cada uno de nosotros sin excepción; no hay héroes nacionales del siglo XXI y vaya que hacen falta.

Habrán escuchado entre las recomendaciones de los activistas que tenemos que unirnos a asociaciones civiles, mostrarnos en la calle, dejar el futbol y leer más, involucrarnos en la política, confrontar al crimen y por otras actividades que no son sostenibles para la mayoría que no pueden soltar todo en su vida para dedicarse a la causa. El peligro de las grandes expectativas es que desalientan los pequeños pasos que pueden formar una legión. La raíz del problema es que los mexicanos queremos cambio sin dolor. Quisiéramos que el sistema se arreglara, pero quisiéramos de todas formas podernos aventajar; exigimos que las empresas paraestatales cumplan con estándares de competitividad mundial, pero excusamos a las privadas; queremos una sociedad segura y próspera, pero que sea flexible cuando se trate de nosotros mismos. La peor de las noticias, una que nos plaga desde nuestra independencia en 1810, el cambio toma tiempo. Dejemos a un lado las soluciones irreales y aprovechemos este momento de indignación para motivarnos a lo que sí nos corresponde. Si queremos tener algún día un gobierno del que nos sintamos orgullosos, se empieza reciclando en casa, no dejando que nuestros hijos hagan trampa en la escuela, siendo mejores vecinos, ahorrando más, pagando los impuestos que nos corresponden; no porque creemos que son bien utilizados, sino porque es nuestro deber pagarlos. Culpas a un lado, la situación actual es responsabilidad de todos y la solución está en responsabilizarnos cada quien  de lo que nos toca. 

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