Cuando truene la burbuja

Esta columna cubre el elemento macroeconómico de la situación inmobiliaria en México. El análisis a nivel empresarial y personal lo pueden encontrar en Firmas en la página de Milenio

 

¡Qué acaba de suceder! Los últimos días han sido un terremoto económico de escala mundial. Al igual que con las placas tectónicas del planeta, los movimientos económicos son sentidos alrededor del mundo. La caída del petróleo en conjunto y a causa de la desaceleración de la economía china han ocasionado un reajuste económico que se sintió en la bolsa, las divisas y la política monetaria. 

Estos movimientos son necesarios para la economía global y tendrán efectos positivos a largo plazo, aunque traigan sus dolores y víctimas, entre otras, la economía mexicana. Los detonantes han sido la regularización de la bolsa china y la caída en los costos de producción del petróleo, ambas traerán efectos positivos, permitiendo fluir más capital a China y reduciendo costos de energía a nivel mundial. Sin embargo, ambas medidas afectan directamente a México. 

La industria petrolera mexicana, con todas sus idiosincrasias, no es competitiva, así que no ha logrado lo que las empresas estadunidenses en términos de costo por extracción, ni cuenta con las reservas de los árabes para competir con los volúmenes récord que están produciendo. En resumen, los ingresos nacionales que han bajado al haber vendido los barriles a 70 dólares, van a caer aún más con los futuros cotizando 38 dólares para el próximo año. 

A lo anterior se suman las reacciones del banco central estadunidense y del europeo de postergar el alza de las tasas de interés indefinidamente para mantener el ciclo económico. La disponibilidad de capital barato en las economías desarrolladas ha lastimado a las economías emergentes. 

En resumen, el gobierno mexicano, el principal motor de la economía nacional, va a tener menos capital. La decisión de reiniciar el uso de la deuda externa desde 2009 asumiendo que la economía crecería más rápido que las tasas de interés está resultando equivocada. La reacción de permitir la devaluación del peso para mantener los ingresos de petróleo le agrega riesgo a una situación mundial ya bastante volátil. Así que, recapitulando, México está en el mayor riesgo de una crisis desde mediados de los noventa. 

Aun así, como lo mencionamos en los artículos pasados, aunque definitivamente hay una burbuja inmobiliaria, no necesariamente va a detonar, puede regularse establemente, pero la pólvora y dinamita ahí están y las bases no son sólidas. Los precios al comprador residencial no son justificados por los ingresos del mismo, la oferta que se está construyendo para comercio y oficinas no está sustentada en crecimiento económico y, con el capital de desarrollo apalancado, y el privado con sospechas de narcotráfico, esta situación es  más coctel molotov que burbuja inmobiliaria.  

 

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