10 razones por las que estaríamos mejor sin Internet

El argumento es tan viejo como el mismo Internet y no es uno que se pueda defender racionalmente. Después de todo, económicamente, la transferencia de información y tecnología genera y distribuye más la riqueza. La red, sin lugar a dudas, ha sido una fuerza de bien en el mundo. Sin embargo, mi vida y las de muchos de mis lectores estaría mejor si hubiese dejado de avanzar la tecnología digital a mediados de los 90’s.

1.       La capacidad de atención. A todos nos parece grosero que la gente esté checando su celular mientras estamos con ellos, pero todos lo hacemos ya resulta inevitable. Por supuesto que puedes seguir una conversación mientras te enteras de lo que te has perdido en los últimos 10 segundos, pero no te puedes enganchar, no puedes percibir todo el mensaje que te están transmitiendo y quizás te pierdes de cosas que te iban a contar.

2.       Las llamadas de teléfono y visitas inesperadas. El mes pasado me habló un amigo de la nada y volteé a ver a mi esposa diciendo “$%#! Algo ha de querer si me está marcando”. Peor tantito cuando me anunció que venía en camino. Lejos de, sólo venía de visita y pasé una de las mejores noches del año.

3.       Homogenización de información. Poco a poco ya todos con los que convivimos tenemos opiniones más similares, a veces de política, ciertamente de deportes y cultura y es porque todos recibimos exactamente la misma información.

4.       Los domingos en la tarde solían ser la parte que más odiaba de la semana porque era cuando tenía que afrontar que acababa el asueto. Ahora todos los días tienen un domingo en la tarde porque constantemente están llegando recordatorios de todos los pendientes.

5.       Sin internet, Justin Bieber sólo sería otro adolescente fracasado.

6.       Aunque suponemos que el Internet ha permitido que florezcan productos, escritores, músicos, políticos y demás que no serían tan conocidos, la realidad es que en la era de la información se juzga instantáneamente cuando algo tendrá éxito o no.

7.       Descubrir lo inesperado. De la época de decidir qué vas a pedir en un restaurante al que nunca has ido viendo previamente el menú en Internet, es imposible dar con esos secretos que antes atesoramos.

8.       Las comparaciones. Éramos plenamente felices en la ignorancia de no poder comparar cada aspecto de nuestras vidas con los demás, ya sea por redes sociales, checando cuánto cuesta cualquier cosa, cuánto pagan en diferentes profesiones, etc.

9.       Los misterios personales. Ya nadie es “cool”, todos estamos tan sobrepublicados que inevitablemente se saben nuestras normalidades.

10.   Listas como esta.  

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