El placer de volar

Durante la década posterior a los ataques del 11 de Septiembre de 2011 en Estados Unidos la memorable frase de su autor intelectual, Osama Bin Laden, “…nunca volverán a dormir tranquilos” se convirtió en el lema del calvario que sufrió la industria aeronáutica al cumplir 50 años. Aunque en realidad la amenaza terrorista solo afectó la demanda por transporte aéreo durante los primeros meses después de los ataques y de ahí en más ha incomodado más que aterrorizado; fue la caída de las Torres Gemelas lo que marcó el inicio del periodo de madurez en el ciclo de producto para las aerolíneas comerciales.

Como turistas es aparente observar que el precio de los boletos ha subido, aerolíneas han desaparecido y es más incómodo viajar, tanto por protocolos de seguridad, como por el trato y condición de los aviones. Sin embargo, esto es más un efecto subliminal. La realidad es que después de 15 años de pérdidas acumuladas, bancarrotas y fiascos de relaciones públicas, las aerolíneas hoy en día ‘vuelan más alto que nunca’. En realidad, tomando en cuenta la inflación, en la actualidad es más barato volar a más lugares que en ningún momento previo y con ciertos asegunes incluso puede ser más cómodo y práctico.

La reacción más común del pasajero molesto con una aerolínea es “¿No se han dado cuenta que sus clientes no están contentos?” Empecemos porque económicamente no es deseable que los clientes estén contentos porque es un indicador que se les pudo cobrar aparte, aunque mercadológicamente esto tenga otras implicaciones. La realidad de la segunda es que a la aerolínea no le importa si vas incómodo porque no eres un viajero frecuente.

Después de muchos años de experimentar compitiendo en precios, poniendo asientos extra y quitando servicios para ahorros, las aerolíneas finalmente descifraron que la suya es una industria de capacidad instalada y han logrado recuperar ganancias y aumentar el mercado.

Luego de múltiples fusiones y alianzas el juego de la aviación comercial es uno de llenar rutas; no se trata de ganar al consumidor inicial, sino de cuántas plazas viajan entre Roma y Miami diario. Con menos compañías en el mercado que ofrecen más vuelos directos pueden fijar a sus viajeros frecuentes y acomodar por precio a los turistas como sardinas.

La realidad es que para los que consumen ese “80 por ciento” de los asientos en los vuelos existen las colas de seguridad aceleradas, los ascensos a primera clase, esas primeras filas en turista en los que los asientos son más amplios y los servicios que hacen a un viaje más llevadero. Los demás no importan porque buena o mala experiencia no regresarán, ni conocerán el placer de volar.

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