La peor tentación mexicana

Las gorditas! Sí, pero no del todo. Los mexicanos somos megalómanos. Es lo que impulsa nuestra gran imaginación, implacable ambición y orgullo regional, pero también nuestra violencia irracional, desenfrenada corrupción y egoísmo masoquista. Los pleitos en un bar son sobre mujeres, negocios y futbol; pero en realidad explotan por la necesidad que tenemos de demostrar nuestra fuerza. En los oficios somos vanidosos y creídos por nuestra necesidad de reconocimiento y en nuestras vidas personales frecuentemente los orgullos se sobreponen al cariño. Me encantaría decirles que esta es una patología universal, pero no lo es. Esa lucha de poder es característica de México, es lo que más extrañamos los que nos hemos ido y también lo que genera las condiciones para que otros se quieran ir. En México todo se puede. Eso nos encanta. También les encanta a los extranjeros. Si quieres poner una fábrica en medio de una colonia residencial, es cuestión de saberte mover. Si necesitas un empleado barato por abajo del agua que te haga mil mandados y le llames por falta de otro término chofer, hay muchos dispuestos a hacer el trabajo. Lo malo es qué hacemos con ese poder.Sobramos quienes decimos que teniendo las posiciones, nosotros sí pagaríamos impuestos, tendríamos nóminas justas, cuidaríamos el medio ambiente y hasta a nuestra Mamá le compramos casa. La realidad es otra, codiciamos el poder para dominar y aplastar. Las fantasías de triunfo frecuentemente embarnecidas por violentos arranques de venganza a quienes han ejercido ese poder en nuestra contra en el pasado. Queremos y usamos el poder cuando lo tenemos para llenar el hueco que crea la opresión que vivimos día a día por los que tienen ese mismo poder. Desconozco cuándo empieza este complejo de inferioridad en la vida diaria, puede ser que como cultura es una herencia más de nuestros opresores españoles. Quizás empieza desde la vida escolar. No me escandaliza el bullying como a otros, pero ciertamente todos pasamos por más de algún Maestro que ejercía sus propios complejos de inferioridad contra sus estudiantes, por ejemplificar una experiencia de temprana edad que nos deja esa sed de venganza e impotencia que genera esa necesidad de imponernos como dominantes y aprovechar las situaciones.Supongo que la misma necesidad que hay en el país crea un hambre insaciable de poder, pero como les dije, hay lugares en los que no se traduce en estos síntomas. A final de cuentas ésta es la única respuesta que he encontrado a por qué nos corrompemos tan viciosa y descaradamente y por qué nos maltratamos, a veces hasta con gusto. Como señalamos en la introducción, este comportamiento también aporta mucho al sazón que nos encanta de nosotros mismos, pero el costo nos frena de mucho del progreso al que aspiramos. osomaloso.com  

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