El mayor problema del mundo

La humanidad ha superado enormes adversidades para llegar a donde estamos. Hace no tantos miles de años éramos presa y no predadores, después los grandes retos fueron sequías, enfermedades y plagas, no es hasta recientemente que nuestros mayores problemas han sido generados por nosotros mismos: guerras, existencialismo, contaminación y desigualdad.

 Cuando vemos a un león devorarse a aun antílope en National Geographic no pensamos, “que injusto que el león se coma al antílope”, lo hace por supervivencia. El problema es qué pasa si el león tiene un congelador lleno de carne de antílope, más de lo que puede comer. La capacidad de almacenar recursos ha sido un pilar en la evolución humana, nos permitió sobrevivir esas plagas y sequías, pero nos ha dejado con un problema que no existe en la naturaleza.

Hasta que alguien invente algo mejor, estamos atorados con el capitalismo y a 6 de abril de 2016 nadie ha inventado algo mejor. El capitalismo y los mercados libres son lo que más se asemejan a la naturaleza en un sistema económico y por eso mismo ha resultado mejor que las otras alternativas. La realidad es que la función más simple del capitalismo no genera los problemas de desigualdad en el mundo, siempre y cuando el capital sea un resultado de trabajo, talento, tolerancia al riesgo y oportunidad, las balanzas mantendrán su equilibrio. El problema es que hay dos factores que no contempla esta función: la tecnología y la trampa.

Solo han habido dos caminos a grandes riquezas en el capitalismo: robando o controlando la tecnología. Ambos nos generan problemas muy complicados, los que roban lo hacen porque nadie los puede detener (incluso a veces lo hacen legalmente con monopolios, patentes, extorsiones comerciales) y los que controlan la tecnología quizás se merecen tener miles o millones de veces los recursos del resto de nosotros.

La realidad es que la economía mundial es un ecosistema simbiótico y los muy, muy ricos necesitan a los consumidores al igual que los consumidores requieren los servicios y productos que estos generan. Lo urgente es que desde que inició este periodo en el siglo XIX (petróleo, vías ferroviarias, etc.) el coeficiente gini, que mide la disparidad de ingresos entre 0.0 y 1.0, a nivel mundial ha brincado de 0.43 a 0.53 en 1850, 0.62 en 1929, 0.70 en 2000 y 0.915 en 2015.

Este coeficiente no nos pinta la situación completa, la realidad es que para todos los humanos vivir en el siglo XXI es mejor que vivir en el siglo XIX, en gran parte gracias a los titanes de industria, pero la disparidad ha generado un malestar alarmante en el mundo y lo vemos reflejado en ataques terroristas, líderes políticos extremistas, tendencias sociales misantrópicas y mil cosas más.

La respuesta es cambiar la escala de impuestos a seguir escalando después de las tasas máximas a nivel mundial, de tal manera que un millonario esté pagando 50 por ciento y un mil millonario esté pagando 90 por ciento. No estoy siendo socialista, simplemente nadie en su vida natural necesita más de mil millones de dólares, es absurdo.

México no está mal en todo esto, ha mantenido un coeficiente gini de 0.48 constante las últimas décadas. Sin embargo, el coeficiente antes de impuestos y después de impuestos solo pasa de 0.49 a 0.47, lo que nos indica que el sistema tributario no está cumpliendo con una de sus funciones.

 

juanmaria7@gmail.com 

www.osomaloso.com