El final de ‘Mad Men’

No me parece atrevido decir que las series de televisión son la forma de arte representativa del principio del siglo XXI y que los mejores artistas del mundo están dedicados a esta representación ahora. El arte avanza con la tecnología, hace miles de años se pintaba en cavernas, después se labraba en piedra, luego vino la cerámica, la escultura, la pintura y de ahí nos brincamos en el siglo XX a las impresiones, representaciones digitales, fotografía, cine  y hoy en día, gracias a su alcance y penetración, están las teleseries o videoseries.

Si no han visto la serie Mad Men o si ya vieron el capítulo final, creo que les resultará interesante el artículo. Si son fanáticos de la serie y no han visto la conclusión, guarden la columna para después.

Al igual que las formas pasadas de arte, en sus mejores representaciones, la televisión trata de imitar a la vida: Los Sopranos, The Wire, incluso Lost y después Mad Men tratan de algo en la superficie, pero sus seguidores las convierten en algo más, como sería el caso de las más altas formas de arte.

Esta serie, además de tratarse de la historia de la publicidad, se trata de la sociedad estadunidense en su momento más trascendental y de más influencia sobre el mundo. La serie ha explorado la corrupción del sueño suburbano, la explosión del consumismo, el nacimiento de los movimientos sociales, el cambio de roles de género y en el centro de todo la extinción del individualismo por el colectivismo.

Este tema que abarca toda la serie es evidente en las primeras escenas de la primera temporada cuando el socio principal de la agencia de publicidad le dice al protagonista por qué él es diferente a otros hombres y la carga que esto implica, la serie se acaba con él mismo adoptando el colectivismo del movimiento hippie y diseñando una de las campañas publicitarias más influyentes de la historia “I want to buy the world a Coke”.

Los críticos más estrictos han tachado la séptima y última temporada de la serie como inconsistente con el resto de la historia y aseguran que debió terminar con el titular deshecho, incapaz de sobrevivir en el mundo que ha cambiado y lo ha dejado atrás. Los mismos ven al final como un epílogo similar al final de las otras series que he mencionado, algo fantasioso, un sueño que en realidad no sucedió. Me parece que los críticos se vieron atrapados por las reseñas que habían escrito asegurando que la serie trataba de cómo la gente es incapaz de cambiar.

Coincido por completo que la realidad es que este prototipo de hombre de los 50 jamás hubiera  subsistido los cambios que introducen la serie a los 70. Un individualista como Don Draper (Jon Ham en la vida real), sería rechazado por el colectivismo y aún más por el corporativismo, pero la serie no se trata de un hombre singular, sino del hombre común, que se adapta a su medio ambiente. Nunca he visto una trayectoria tan espectacular como esta serie, la planeación y ejecución para llevarla a este punto es sublime y, a riesgo de exagerar, Mad Men se ganó el ingreso al Partenón de las grandes obras de la humanidad.