El espejismo de la democracia

Hamilton, Bermudas. Es fácil argumentar que la democracia no funciona. Llevo años insinuándolo y apuntando a pistas de evidencia que la desacredite, pero siempre me había frenado porque no tiene sentido criticar algo si no existe ni siquiera una propuesta de algo que pudiera ser mejor. Finalmente encontré un ejemplo tangible de una sociedad moderna que logra florecer sin la necesidad del teatro de elecciones populares al que se le atreve a llamarse democracia.

Las Bermudas son un territorio británico foráneo, lo que significa que es una colonia que ha elegido seguir bajo el mandato de la corona británica. Sí, la población frecuentemente vota por seguir siendo gobernada por una monarquía extranjera. La Reina elige a un Gobernador y éste actúa como máximo soberano de la isla. El gobierno del Reino Unido, encabezado por el Primer Ministro, se encarga de su defensa militar.

Para mi sorpresa, las Bermudas son el tercer país más rico del mundo en términos de PIB per cápita y eso porque está en crisis, solía ser el número uno. Aquí no hay pobreza. Las viviendas de interés social serían condominios de lujo en un destino turístico mexicano. La educación y la salud son públicas y funcionan.

México es un país en el que es muy importante votar porque sabemos qué significa no hacerlo o hacerlo y que no signifique nada, porque hasta muy recientemente vivimos en un sistema unipartidista. Al mismo tiempo, en México no nos ha servido de nada votar, porque desde el siglo XIX no hemos tenido un solo gobernante que sea representativo de los deseos o siquiera de los intereses de los ciudadanos. Poner a media docena de candidatos que no son lo que el público quiere en una boleta y decir que nosotros escogemos nuestro gobierno es un espejismo, vivimos la “tiranía de las masas”. 

Nuestros gobernantes actúan como hechiceros, engañándonos con la idea que tenemos algo de poder cuando en realidad sabemos que todas las opciones actuales son prácticamente iguales. Nos quejamos que los votos de muchos solo valen un lonche de jamón, pero tontos somos los que ni con el lonche nos hemos quedado.

No quiero decir que la democracia no es un ideal, pero eso es todo lo que es. La elección popular es como el socialismo, utópico, pero imposible de poner en práctica. 

Ciertamente hay muchas cosas que separan a México de las Bermudas. Los bermudeños se hicieron ricos con el comercio y las aseguradoras, no vivieron un sistema de clases y probablemente lo más importante, fueron colonizados por los británicos y no los españoles. Aun así, ver a un país voluntariamente someterse a la soberanía extranjera y prosperar quita el tabú de haber sido colonia.

Hace unas semanas expliqué cómo el voto anulado es un llamado a intervención extranjera y corroboré que yo mismo no estaba listo para anular el mío. Este viaje cambió mi opinión.

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