El costo de la bondad

No existe una sabia respuesta a si el fin justifica los medios. Claramente fue el caso para Somaly Mam la activista en contra del tráfico de blancas para fines sexuales que fue descubierta como un fraude luego de dos décadas al frente de la causa. La historia de Mam es increíble, tanto así, que levantó dudas, ahora ratificadas, su biografía; detallada en su libro, El Mundo de la Inocencia Perdida. Resulta que la fantástica historia en la que su abuelo la vende a traficantes de cuerpos en su pre-adolescencia y su escape del inframundo más de una década después fue un fraude y en su lugar ha sido expuesta la versión de una mujer engreída que desde niña ha generado un mundo de mentiras.

Sus mayores críticos señalan desde hace años que al hacer tanto alboroto del tráfico para prostitución, que argumentan es de un volumen insignificante, se ha ignorado el mucho más común tráfico para labores forzadas. A esto se añaden las voces consternadas de los daños que tienen estas revelaciones a la lucha contra el abuso a mujeres. No sólo es Somaly Mam la desenmascarada, se han descubierto también al menos otras tres mujeres en su fundación que fabricaron historias de abuso sexual. También al conocer del divorcio de la propia Mam, se descubrió que su hija adolescente no fue secuestrada por la mafia, sino que se escapó con su novio.

Bien se puede decir ahora a Mam que lo bailado y cenado nadie se lo quita. Además de recibir premios del Secretario de Estado de Estados Unidos, la camboyana ha sido galardonada y atendida por la élite de Hollywood y las Naciones Unidas. Adicionalmente, seguro vendrá su segundo libro en el que confiesa haberlo hecho todo por “la amiga del colegio a la que realmente le sucedió y no tiene voz para contarlo”, seguido por reportes que en realidad ni siquiera llegó a cruzarse con la supuesta desaparecida.

Hay muchas personas que persiguen una carrera de impacto social por convicción, al igual que hay muchos políticos que buscan el electorado por el bien de su ciudadanía. Desafortunadamente también hay quienes lo hacen porque ahí encuentran el camino más fácil a glorias y riquezas. Lo peor es que a los políticos nunca les quitamos la mancha y a los activistas jamás les retiramos la aureola. Por ejemplo, la historia de Rigoberta Menchú ha sido controvertida en los últimos diez años, tanto que hasta se ha solicitado la revocación del Premio Nobel de la Paz que se le otorgó. Al igual, vendrá el perdón y el olvido de las mentiras y excesos de Somaly Mam, que en lugar de pasar a la infamia, seguramente inspirará a una nueva generación de rufianes disfrazados de ángeles.

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