A la cola chato

A mi esposa y a mí nos gusta jugar a preguntarnos: Si repentinamente te encontraras en esta esquina ¿sabrías que estás en México? La respuesta siempre es sí. A veces son cosas obvias como puestos de comida, letreros, vegetación, pero de vez en cuando son detalles más sutiles, ya sea el ancho de las calles, los colores que pintan los señalamientos. El caso es que siempre hay una pista que delata a México, afortunadamente la mayoría evocan sentimientos positivos, como los olores o los paisajes, pero desafortunadamente también otras inconfundiblemente frustran o entristecen. Siempre sé que estoy en México cuando estoy haciendo una cola.

En la mayoría de los países más desarrollados la gente se forma y espera su turno, en la mayoría de los menos desarrollados la gente se desemboca al punto que es imposible discernir que hay una cola; en México, tratamos de adelantarnos “sin vernos muy gandallas”. Por supuesto que las tres prácticas pueden revelar serias fallas de carácter en las sociedades, pero concentrémonos en lo que dice de nosotros esa constante comezón de, “y si me muevo poquito a la izquierda ya me hago güey y me va antes”.

La cola es lo más justo del mundo, quien se forma primero va primero y si te vas pierdes tu lugar (también tengo muchos comentarios del “apartado”). Sin embargo, los mexicanos tenemos la constante costumbre de tratar de brincarnos turnos. No dudo que todos hemos enfrentado la situación en la que tenemos mucha prisa y asumimos que más que las de otros, así que lo justificamos, pero nuestras, suponemos audaces, técnicas de avanzar demuestran que sabemos que está mal. Los ciudadanos de países que no respetan las colas para nada no creen que hacen mal al amontonarse, no hay un orden, nosotros lo hacemos disque sigilosamente o hacemos colas laterales porque sabemos que estamos haciendo trampa y lo peor es que nos sentimos chingones haciéndola.

La semana pasada la revista The Economist, sacó una comparación de índices de corrupción contra corrupción percibida en Latinoamérica. México es el tercer país más corrupto, pero tiene por mucho la mayor discrepancia entre la corrupción real y la percibida. Puesto en otras palabras, aún con todo lo que nos quejamos de la corrupción, no estamos nada conscientes de que tan grande es en verdad.

Yo les prometo que el día que dejemos de buscar aventajarnos en las colas es el día que la corrupción y el crimen desaparezca en México. La cola es justa y relativa, no garantiza quien va a pasar más tiempo esperando, solo a quien lo atienden primero, el adelantarte directamente afecta a los demás más de lo que te beneficia. No obstante, no pensamos dos veces en adelantarnos en frente de nuestros hijos y hasta orgullo sentimos. De nuevo ¿Por qué es corrupto nuestro gobierno?

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