#YaMeCansé

En los últimos meses la cobertura de la prensa internacional sobre México se ha vuelto más directa. Reportajes reveladores de bienes raíces que sugieren corrupción en el interior del país y lavado de dinero en el extranjero y crónicas de los abusos que recibe el consumidor mexicano en telecomunicaciones, gasolina y otro tipo de bienes que apuntan a colusión entre el sector privado y el gobierno se han convertido en materia de noticia internacional. A pesar de las teorías de conspiración que quisieran creer los acusados, quienes han sugerido están siendo atacados por gobiernos e instituciones que los oponen, esta cobertura es el resultado de que la prensa internacional ha escuchado las quejas de los ciudadanos mexicanos que sus gobernantes ignoran.

Las democracias modernas han creado un mecanismo de defensa a través  del que la prensa de los países anglosajones y europeos, abogados de esta forma de gobierno, “vigilan” la correcta ejecución de la democracia en otros países y presionan a sus propios gobiernos a emprender acciones cuando la observan situaciones que pudieran atentar contra la soberanía de otras ciudadanías. Ha sido el caso en el pasado en Chile, Guinea, Tailandia y más recientemente Ucrania y Myanmar. La prensa internacional toma causas y ahora está tomando la de México.

Tras revelarse los asesinatos de Ayotzinapa y Tlatlaya y las controversias con las casas del presidente, de su esposa y del Secretario de Hacienda, los ciudadanos han expresado un nuevo nivel de asfixia con su gobierno en México. Muchos de los mensajes estaban en inglés con la intención de llamar la atención internacional ya sea para apoyo o para avergonzar al mismo gobierno. Líderes ciudadanos, el más reciente, quizás, el director ganador del premio Oscar, Alejandro González Iñárritu, han pronunciado este llamado a la intervención extranjera, porque eso es lo que se está haciendo.

Pocos en México argumentarían que el sistema político funciona y el cansancio emana, no del descubrimiento de nuevas fallas, pero de la frustración de no poder hacer nada al respecto. La impunidad de los gobernantes en México, porque no se ha perseguido a ninguno de los acusados por la prensa internacional como responsables, confirma que la partidocracia mexicana goza de fuero.

Para todos los que “ya se cansaron” existe un precedente histórico que probablemente no les vaya a gustar, el partido conservador en el siglo XIX sostenía que México no podía ser gobernado por los mexicanos. Aunque breves periodos de estabilidad y crecimiento han mostrado destellos de esperanza que los mexicanos, en efecto, se pueden gobernar a sí mismos, pero el resumen de su historia a la fecha indica lo contrario. La mera sugerencia que una ciudadanía es incapaz de soberanía es incendiaria, pero pregunto ¿Si su electorado lo eligiera habría alguna manera de remover la partidocracia en México sin intervención extranjera?

juanmaria7@gmail.com