Raza en la mira

Estados Unidos tiene una enfermedad que se llama racismo. Es una enfermedad porque nadie nace siendo racista; es contagiosa por el contacto con ideas y personas que creen o por lo menos fomentan el racismo; es expansiva como una enfermedad porque las personas están en constante riesgo de hacerse más racistas y, como una enfermedad, es difícil liberarse del racismo.

La semana pasada policías mataron a ciudadanos negros desarmados en Saint Paul y Baton Rouge, lo que desató protestas por todo el país, incluyendo una en Dallas durante la cual un grupo de ciudadanos negros descontentos se aprovechó para dispararle a once policías desde azoteas, asesinando a cinco.

Hay una cantidad desproporcionada de crímenes violentos en Estados Unidos comparado con otros países desarrollados y la proporción cometida por y en contra de negros es de igual manera asimétrica a la correspondiente por blancos. Todas las otras conclusiones alrededor de la violencia en Estados Unidos requieren de supuestos subjetivos y de ahí yace el contagio de esta enfermedad.

Cuando Estados Unidos fue fundado requirió, al igual que casi todos los países modernos, una traición al juramento de lealtad a una monarquía. También, al igual que otras naciones, pero con más pasión aún (probablemente por razones religiosas, en primer lugar, y culturales en segundo), los fundadores necesitaron el aval de una causa que justificara dicha traición. Esta causa fue un llamado a la “libertad” y es un llamado que ha usado Estados Unidos para justificar cada acción desagradable en que ha incurrido. Acciones que sinceramente creo han sido necesarias para su progreso y supervivencia, pero cuyo contraste con su necesidad de superioridad moral ha generado una mitología patriótica basada en lógicas falsas.

La principal de estas lógicas falsas está basada en una de las primeras conclusiones estadísticas universalmente aceptadas: durante el siglo XIX se creía que como las naciones más desarrolladas eran casi completamente caucásicas, el hombre caucásico era superior a las otras razas. Ahora que hay estudios modernos que argumentan que esto es cierto, objetivos en su intención, y también hay estudios contemporáneos que tratando ser igual de objetivos lo refutan por completo.

La realidad es que no existe una verdad absoluta sobre la superioridad o inferioridad de una raza humana sobre otra simplemente porque es imposible definir lo que constituiría a la persona ideal (estética, inteligencia, coeficiente emocional, destreza, etc.) Sin embargo, para la ciudadanía occidental del siglo XIX la superioridad caucásica era una verdad tan absoluta como lo plano de la tierra 500 años antes y en base a esta verdad absoluta los países coloniales sostuvieron una responsabilidad de conquistar y civilizar a las naciones de piel obscura.

Este es un periodo histórico increíblemente influyente para el mundo contemporáneo y prácticamente ignorado por completo hoy en día, si les interesa más del tema les sugiero empezar por investigar la guerra española-americana, pero para efectos de este tema es suficiente con que aceptemos que la superioridad caucásica fue utilizada para justificar la expansión al Oeste, esclavitud, conquista de territorios caribeños, filipinos, hawaianos, mexicanos y atlánticos por Estados Unidos.

También por lo mismo podemos identificar que para reconocer una igualdad entre negros y blancos en el siglo XX y a su falla, quizás en el siglo XXI, requiere reconocer no solo que la superioridad caucásica no existe, sino también que los actos considerados heroicos por antepasados coloniales, en realidad son atrocidades inhumanas.

El racismo no es solo una enfermedad pasajera, es un malestar crónico, potencialmente genealógico incrustado en la misma fundación de los Estados Unidos. Es horrible decir, pero sin racismo, no habría Estados Unidos (ni Francia, Japón, Sudáfrica y casi cualquier otro país, México incluido, con la diferencia que los estadounidenses tienen esta necesidad de superioridad moral). En otra oportunidad escribiré de las falsas lógicas que se están tomando como verdades canónicas de estadística malinterpretada hoy en día con consecuencias igual de terribles, pero por lo pronto les digo que no se necesitan pruebas científicas para detectar el racismo en Estados Unidos, es una enfermedad horrible que llena de tumores, llagas y abscesos a un país que solo quiere ver perfección en el espejo.

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