Punto de vista

La tecnología nos ha hecho demasiado literales. Los humanos tenemos una curiosidad innata a buscar “la verdad” y un instinto inescapable a ver con los ojos, pero nuestros ojos mienten (y nuestra memoria más).

Por ejemplo, esta semana dos videos de Instagram del mismo evento se hicieron virales. El primero de una celebridad documentando a un hombre acechándola. Después de ver el video miles de personas haciendo comentarios en su perfil estábamos seguros que esta figura pública era víctima de un fanático irrespetuoso. Horas después estaba en tendencias el video del fanático que muestra la escena unos segundos antes y, desde otro ángulo, donde se ve personas fotografiando a la misma persona y fuera de lo molesto que debe ser que te tomen fotos desconocidos no parece que el admirador hiciese nada fuera del comportamiento considerado común alrededor de celebridades.

Dos videos tomados con solo segundos de diferencia por las personas involucradas comprobando que ambos tienen la razón. Sinceramente no sé de cuál confío, y este es un ejemplo sencillo de un problema grave que enfrentamos en la era de la transmisión inmediata.

La libertad de expresión y la proliferación de transmisores de información es un haz de luz que ilumina cuevas que urgían ser expuestas. Por ejemplo, escuchar las opiniones extranjeras de acontecimientos locales le permite a una sociedad formular puntos de vista medianamente objetivos. Al tiempo, dejar opinar al público evalúa la eficiencia en la comunicación y añade transparencia cuando el control de los medios propicia la manipulación. El problema con este haz de luz es que es tan fuerte y repentino que nos ciega y no nos permite ver lo que hay en la cueva objetivamente.

Está demostrado que la población ya confía más en lo que sus contactos en redes sociales publican que en los medios masivos de comunicación. Es comprensible, los medios le hemos fallado y hemos perdido la confianza del público. El problema no es que desconfíen de los periodistas, sino que confíen en opiniones desinformadas e intencionalmente malévolas.

Por ejemplo, la mayoría de la gente no sabe que hay bots automatizados generando contenido para páginas de internet basados en lo que la gente ha mostrado preferencias (y ustedes que creían que las diez mejores taquerías de México por Buzzfeed eran el resultado de un panel de especialistas…).

Ahora apliquemos este problema simplificado a un mundo globalizado. De repente así se está informando la ciudadanía mundial de otras civilizaciones, de problemas económicos y ecológicos y en base a la información que reciben toman decisiones en sus inversiones, su voto y su conciencia social. Les prometo que la tortura a mascotas abandonadas no es el problema ecológico más grave que enfrenta el planeta por tiernos que sean.

¿Cuál es la solución? Reduzcan su gama de atención y profundícenla. Por supuesto que no es realista que individuos con trabajos de tiempo completo, familias y ambiciones consuman todas las fuentes de información disponibles, pero en vez de ver o leer resúmenes y titulares de cada evento focalícense de acuerdo a sus prioridades y busquen suficientes fuentes de información para encontrar un punto de vista balanceado.

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