Placidez o complacencia

Qué harías si ganaras un millón de dólares en la lotería? Es una excelente pregunta que cuando contestada francamente te dice mucho de una persona. Hay quien lo despilfarraría porque la vida es demasiado corta, quien lo ahorraría porque más vale ser precavido, también quien lo usaría para cambiar su vida e incluso quien lo compartiría. México se ganó la lotería de los países: goza de un excelente clima y recursos naturales abundantes, tiene una población joven en crecimiento y una localización geopolítica envidiable, pero ¿Cómo elegimos gastar nuestra suerte?

Para la mayoría de los mexicanos las reformas que está emprendiendo China serían impensables. Después de quince años de crecimiento de su PIB arriba de 8 por ciento está enfrentando el desacelerarmiento al 6.5 por ciento, aún el más alto en el mundo, planeando para el futuro. 

Mientras, en México nos preocupamos por cómo nos dividimos las riquezas restantes del petróleo nacional, nomás porque hay que atascarse mientras haya. En China están capitulando su emergencia como potencial mundial con la disciplina contable y monetaria que desde hace años le exigía el extranjero.

Si han puesto atención a las noticias, las reformas les están costando a los chinos declarar cifras de crecimiento real que han causado a su bolsa de valores una caída de más del 20 por ciento, sin embargo, esta transparencia invitará al capital extranjero a confiar en las inversiones en China durante las próximas décadas, asegurando un crecimiento más pausado, pero continuo.

México no necesita de reformas, ni de inversión extranjera, ni disciplina en el sector público. Vivimos en un país tan rico que podemos vivir del petróleo y el campo sin trabajarlos el resto de nuestras vidas adultas; quizás viviremos jodidos, pero de hambre no nos moriremos. Sin embargo, todos los países que han hecho realidad los derechos y libertades que supone garantizar la constitución mexicana, lo han hecho con grandes sacrificios, mismos que los mexicanos nos hemos negado a ofrecer y mientras no estemos dispuestos a pagar los costos, no tendremos el país que nos encanta reclamar.

Ciertamente el pueblo mexicano ha sufrido, pero ha sido a beneficio, primero de los españoles y después de algunos individuos que lo han explotado. El único periodo de sacrificio nacional fue el Porfiriato, al que le debemos la poca infraestructura y mucho orgullo nacional que tenemos. Afortunada o desafortunadamente, en el siglo XXI no funcionaría un sacrificio de la clase obrera para levantar a todo el país; nos tenemos que fajar todos o no va a salir a flote este barco.

Los ricos tienen que pagar muchos más impuestos, los pobres tienen que aceptar recibir educación e infraestructura en lugar de apoyos inmediatos, la clase media tiene que sacrificar su vida cotidiana para emprender en oficios más ambiciosos y los burócratas se tienen que ir o morir. 

Todo eso o podemos nomás echarnos a la hamaca, después de todo, en un país tan rico como México, seguro te cae un mango o un aguacate a la cabeza mientras duermes para darte de comer. A veces la mejor suerte es la que te hace trabajar, no la que te mantiene libre de hacerlo.

 

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