Metros cuadrados rebasados

Es curioso que les hagamos fama a los regios de codos cuando los tapatíos “no cantamos mal las rancheras…”. Es por eso que me ha sorprendido ver los precios de diferentes bienes escalar en la ciudad los últimos años, desde los platillos en restaurantes hasta la inmobiliaria residencial, el tema que quiero tocar hoy.

Creo que a los tapatíos más convencionales, como lo soy yo, sobre todo nos sorprende el costo de la vivienda vertical. Si bien hay elementos macroeconómicos que han fomentado una preferencia por departamentos sobre casas, cuesta trabajo entender cómo en muchos casos es más caro vivir en un edificio departamental que en una vivienda unifamiliar.

La política nacional ha frenado el crecimiento hacia las afueras de las ciudades, en parte por las dificultades para prestar servicios básicos cada vez más lejanos a las urbes y en parte como una reacción a la tendencia mundial de regresar de los suburbios hacia los centros de las ciudades. Esto lleva a preguntar acerca de las repercusiones que tiene el repentino crecimiento vertical sobre la infraestructura actual que no fue diseñada para cargar el drenaje, la electricidad o el tránsito.

Otro elemento es la mecánica de oferta y demanda en la ciudad. Uno de los retos inmobiliarios en Guadalajara ha sido que los terratenientes no quieren vender, la percepción, erróneamente, es que una buena propiedad es para quedársela. Viene la solución: crear más propiedades, pero ¿Con qué capital?

Hay una disponibilidad mundial de capital sin precedentes. El dinero es más barato que  nunca y hay hipotecas hasta de menos de 10 por ciento anual, pero preguntémonos si esto justifica la cantidad de inmuebles de más de $5,000,000 en Guadalajara. Se supone que una familia gasta en promedio 30 por ciento de sus ingresos en su vivienda, basado en esto y con una excelente hipoteca de 10 por ciento, esta familia tendría que estar ganando más de $140,000 al mes libre de impuestos. No hay tantos trabajos y empresas en Guadalajara que paguen cantidades similares.

Desafortunadamente, la microeconomía nos lleva a sospechar que gran parte del desarrollo inmobiliario residencial de la ciudad es lavado de dinero y esa sí sería una burbuja inmobiliaria que debemos temer. De entrada, como lo hemos visto, el crimen organizado es propenso al terrorismo y el mayor miedo sería que utilizaran sus instrumentos de inversión para tronar la economía, el daño menor e inevitable sería que están subiendo el valor del mercado para todos artificialmente.

Para nada es mi intención ahuyentar a compradores potenciales, Guadalajara ha tenido muy buen desempeño inmobiliario, solamente deseo motivarlos a considerar todos los elementos de dónde y a quién le compren para que cuiden su seguridad e inversión.

juanmaria7@gmail.com