Lecciones de amor fraternal

Filadelfia, Pensilvania. Hoy en día al recorrer el centro de Filadelfia es casi increíble creer que la ciudad llevaba, hasta 2012, sesenta años continuos en recesión económica. Alguna vez fue un titán industrial, la quinta ciudad más poblada de los Estados Unidos entró en letargo con la caída de la revolución industrial y el apogeo de la época del automóvil.

La primera capital de Estados Unidos fue diseñada en el siglo XVIII y está situada entre los ríos Delaware y Schuylkill. Es este mismo diseño y centralización entre los dos ríos que limitó a la ciudad a crecer durante el siglo XX, cuando el medio de transporte predilecto fue el automóvil. Su infraestructura y el cambio de una economía industrial a una de servicios condenaron a la ciudad a décadas de estancamiento.

En efecto, Filadelfia parecía estar en el camino de Detroit o Cleveland, con poblaciones en declive e infraestructuras obsoletas. Durante décadas, los edificios del centro que solían habitar fábricas, oficinas y personas que trabajaban en las mismas fueron cayendo en el olvido, llenándose de indigentes y delincuentes hasta que toda la zona se consideraba insufrible. Las familias se salieron a los suburbios, hasta el punto que muchas compañías decidieron poner sus oficinas fuera de la ciudad, donde vivían los profesionistas. La que alguna vez fue la urbe más importante de Estados Unidos, parecía no tener remedio.

Inesperadamente, en 2013 la ciudad del amor fraternal está disfrutando de un resurgimiento, atrayendo flujos de capital, profesionistas jóvenes y una oleada cultural. El diseño angosto de la ciudad ahora presenta el beneficio de poderla caminar “de costa a costa”, facilidades para el transporte público, además de la ideología comunitaria con la que se ha empezado a afrontar el desarrollo urbano. A diferencia de otras ciudades deprimidas, Philly está al alza.

Durante el sexenio de Calderón vivimos bajo la premisa que para que México lograra el siguiente nivel de desarrollo era indispensable ponerle un alto al crimen organizado. En algún momento, la mayoría de la población creímos en este supuesto, pero nunca lo vimos sustentado, siempre quedó en duda si en realidad debilitar al narco traería prosperidad al país. Quizás sean peras con manzanas, pero en Filadelfia he visto de primera mano lo que ha hecho limpiar de crimen a una ciudad y algunas maneras de hacerlo.

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