Histeria colectiva

SALEM, Massachusetts. Es asombroso pensar en los espeluznantes juicios de brujería que ocurrieron aquí. Al recorrer la pintoresca feria que convierte al pueblo en un constante día de brujas durante el mes de octubre el folclor y la leyenda son caricaturizados en los atuendos y parafernalia; en las instituciones de gobierno, escuelas y comercios usan sombreros y escobas como logotipos; y hay servicios de sortilegio en cada esquina para cualquier encanto que le plazca a los miles de turistas que vienen a revivir el relato de Las Brujas de Salem.

En verdad es una historia difícil de creer, e incluso difícil de explicar. Durante el año 1692 se ejecutaron 28 personas en el pueblo de Salem por la práctica de actos de magia. En el invierno previo a los juicios infames, Elizabeth Parris, hija del pastor del pueblo y su prima, Abigail Williams, comenzaron a mostrar síntomas, como gritar sonidos peculiares y contorsionarse en posiciones extrañas que el doctor describió como sobrenaturales al no poder explicarlos.

Cuando una tercera niña local, Ann Putnam, mostró comportamientos similares fueron llamadas al magisterio y bajo presión acusaron a tres mujeres de haberlas hechizado: una caribeña que trabajaba con los Parris, una indigente y una anciana conocida por su mal carácter, evidentemente las figuras que las niñas veían como villanas en su corta edad.

Como desde entonces, nombrar cómplices y aceptar culpabilidad gana el trato favorable de la corte, la sirvienta caribeña se salvó aceptando su rol en los hechizos, describiendo sus múltiples encuentros con demonios en uno de los cuales había firmado su nombre en un libro negro en el que vio las firmas de otras mujeres locales.

Eso nos lleva a reflexionar qué tan cercanos estamos de una histeria colectiva nosotros mismos. Las opiniones públicas se han vuelto rápidamente radicales en el siglo XXI, llámese matrimonio homosexual, aborto, seguridad pública, derechos de privacidad, religión, impuestos, política, economía, etc., además, los canales de información que tenemos abiertos son cada vez más limitados: los veredictos de 140 caracteres en Twitter, la debilitación de los medios impresos, los formatos de noticieros para el público distraído…

Hemos llegado al impasse de estar convencidos de que estamos en lo correcto, desinteresados en considerar lo contrario y que se vaya al diablo quien no esté de acuerdo. Cada vez más enfrentados con quienes piensan diferente y menos abiertos a negociar. Quizás no está tan lejos el primer grito de ¡bruja! O la primera hoguera.

Continuamos con la historia de las brujas de Salem y evidencia de histeria colectiva en el mundo hoy en día en www.osomaloso.com