Control de población

Este es uno de los temas más delicados que he abordado como editorialista. En otra ocasión escribí analizando las propuestas existentes para modificar la tasa de natalidad. Además de la protesta que incita la posibilidad de obstaculizar la reproducción humana por razones éticas, religiosas y demás, desde el punto de vista económico las propuestas son insostenibles. En cambio, las guerras y las enfermedades no sólo controlan la población, sino que pueden presentar oportunidades de saltos en la economía.

Con sorpresa, he escuchado más indignación por las propuestas de control que cuando se discute si el ébola intencional o accidentalmente va a disminuir un porcentaje significativo de la población. Supongo que no en pequeña parte es porque las personas quieren tener bebés y preferirían que los enfermos no se les acerquen, pero racionalmente también es, considerando solo esas dos opciones, preferible para la población. Cuando se controla la tasa de natalidad, el crecimiento de población se estanca equilibradamente, en una guerra o epidemia, suelen fallecer los pobres y los enfermos. Fríamente, la sociedad al largo plazo reemplaza ciudadanos que cuestan por consumidores llenos de potencial.

Desconocemos si la dispersión del ébola fue causa humana, pero sabemos de otras enfermedades que definitivamente lo han sido y no lo hemos juzgado fuertemente. Quizás sea porque es prácticamente imposible demostrar que se trate de un acto premeditado. Aun cuando se rastrea su origen, siempre se le puede achacar a un error humano.

El parteaguas de la discusión está en lo humano del asunto. En el mundo de la ficción podemos encontrar representaciones de este tipo de ideas ya sea en la saga de Los Juegos del Hambre o las películas de La Purga. Seguramente los que han hablado favorablemente de la disminución de la población que puede causar una epidemia como el ébola o debaten el efecto “positivo” de la guerra no se ven como los villanos de dichas obras, pero es exactamente lo que son. Sin lugar a dudas el efecto económico sobre la sociedad en general puede ser positivo, pero el efecto de deshumanización sería letal.

Aun así, la realidad es que vivimos en una época en la que la medicina cada vez prolonga más la expectativa de vida y la tecnología ha disminuido las casualidades de guerra, pero la tasa de natalidad mundial no ha cambiado significativamente. Somos demasiados para los recursos existentes y las soluciones, desde la exploración espacial, hasta las fuentes de energía renovables, se proyectan cortas para abastecer a todos los que habitamos este planeta.   

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