Bienes de raíces arrancadas

2013 presentó un golpe que transformó a la industria inmobiliaria en México. En el desenlace queda claro que hay un cambio en la política pública de vivienda del país y que se busca institucionalizar más las fuentes de capitalización, está por definirse el nivel de inversión en obra del gobierno este sexenio y el efecto que tendrá la reforma fiscal. Lo cierto es que los cambios y pérdidas que se dieron este año traerán el potencial para oportunidades inmediatas.

Este año se desplomaron las grandes constructoras de vivienda social como GEO, URBI y Homex; aunque también se comenta de la mala administración de las tres, la causa principal de su caída es un cambio a la política de expansión de la vivienda. Mientras que en la Administración pasada se fomentaba el desarrollo horizontal, de casas hacia las afueras de las zonas metropolitanas, este gobierno entró declarando un freno a esta práctica. Desafortunadamente, estas compañías, y muchas más, habían hecho una práctica constante de comprar reservas territoriales alrededor de las zonas urbanas con la expectativa de desarrollos futuros y como protección y apuesta al alza de precios de los mismos; una apuesta que acabaron perdiendo con severas consecuencias.

La política actual favorece la expansión vertical y de viviendas existentes a través de permisos, subsidios y créditos. Si esta expansión vertical es acompañada de una mejora de los servicios que tienen las zonas ya alojadas, será mejor para el medio ambiente, la sociedad y la economía. En esto la Administración pasada difiere, ya que es más fácil y claro exigir a las nuevas construcciones habilitar las zonas con servicios que demandarle a quien entra a una zona existente aumentar calles, drenajes, electricidad y accesos a transporte público.

Mientras que los reformadores claman que la inclusión en el cobro de ISR de inmuebles arriba de $3.7 mdp sólo afectará al 2 por ciento más rico del país, este rubro también es de lo más atractivo para desarrolladores y el impacto secundario que tenga en la economía no es cualquier cosa. Además están los efectos indirectos sobre el ingreso de las clases media y alta.

Finalmente, está la aún desconocida política de obra que emprenderá la nueva Administración. Ciertamente tienen el presupuesto disponible, así que la expectativa es una recuperación en obra pública al menos a los niveles del sexenio pasado.

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