Barack Obama en perspectiva

A tres semanas de dejar la oficina de Presidente de Estados Unidos, podemos ver los ocho años de Barack Obama en la Casa Blanca por el legado que dejará. Es un hombre irrefutablemente brillante, carismático y bien articulado al hablar. Sin embargo, ahora que resumo su presidencia, veo a un líder idóneo, ejecutando políticas a las que su ciudadanía se oponía.

Empecemos por el mayor logro de su administración, remontar la crisis crediticia de 2008. Hoy en día que hasta Hollywood ha hecho ficción de la crisis podrá parecerle elemental, al menos a los expertos, las acciones que se tenían que tomar para evitar un colapso crítico y encaminar la economía, porque al principio nadie tenía idea de qué hacer y el ejecutivo tomó decisiones que funcionaron tan bien que ahora parecen obvias: sancionar a los bancos y compañías, pero inyectarles capital para que sobrevivieran; elevar las regulaciones bancarias; mantener una política monetaria de tasa cero; ayudar a los casahabientes que se podía, pero no a todos. Ciertamente ahora podemos cuestionar si su política económica resultará dañina a largo plazo, pero en 2008 eran decisiones de supervivencia, no de crecimiento.

Si su política económica fue la cruzada que ganó Obama, la del sistema de salud es la que perdió. La ciudadanía simplemente no comparte su obsesión por crear un sistema en el que todos los estadounidenses gocen de acceso al cuidado médico. Sin haber una demanda ciudadana por el beneficio, el presidente se entercó y, aunque ha brindado seguros médicos a 20 millones de ciudadanos que carecían de cobertura, acabó generando un producto pésimo y ridículamente caro, que incluso puede ser peor del que ya existía para la mayoría de la población. En Estados Unidos, a pesar de ser los líderes en la tecnología e investigación en la materia, la oferta de salud es paupérrima, múltiples veces más cara y causante de un abuso serio de fármacos.

Otro triunfo histórico de la presidencia saliente fue la captura de Osama Bin Laden. De ahí en más es difícil juzgar la política exterior de un presidente durante su mandato, la crisis de Benghazi se le culpa a la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, pero a largo plazo forma parte del legado de Obama. En la actualidad su política sobre el potencial estado Palestino está bajo juicio, su ausencia en el conflicto de Siria puede ser recordado como cobardía frente a una crisis humanitaria grave y después de los grandes avances de la presidencia de George W. Bush en el desarme nuclear, Estados Unidos se encuentra nuevamente codeándose con Rusia en el ajedrez del armisticio.

Finalmente, el odio y la violencia han aumentado en Estados Unidos en los últimos ocho años. El ataque a la iglesia africana metodista en Charleston, la ausencia de regulación de armas de fuego, la violencia entre negros y policías y el resurgimiento de grupos racistas en torno a la elección presidencial son temas en los que Barack Obama, en contra de las expectativas, o no pudo avanzar o contribuyó negativamente. En conclusión, a pesar de un gobierno popular e inteligente, es fácil trazar una correlación entre las fallas de Obama y la reciente elección, que deja a los demócratas fuera de la Casa Blanca y ambas cámaras.