Columna invitada

Legalización de la mariguana: ¿sí o no?

Bajo el criterio fundamental del respeto al libre desarrollo de la personalidad de acuerdo a un propio plan de vida y modelo de virtud, el ministro de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, propone legalizar el cultivo, transporte y consumo de mariguana, siempre y cuando esto se haga con fines lúdicos o recreativos. Lo cierto es que la legalización del consumo de la marihuana en México es un asunto que debe discutirse de manera amplia, pero también profunda. Debe involucrar a los diferentes sectores de la sociedad y considerar múltiples puntos de vista. Enseguida algunos aspectos a considerar.

La legalización del consumo debe considerarse en sus múltiples dimensiones entrecruzadas. No es un asunto sólo jurídico. Involucra aristas económicas, de producción y venta, y no sólo de consumo. También tiene que ver con circunstancias histórico-sociales-políticas y culturales. Así, este asunto se debe pensar de forma situada y en sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo. De ahí que no sean útiles las comparaciones  con experiencias como la estadounidense o la holandesa, por ejemplo.

El narcotráfico no se reduciría como consecuencia de esta legalización. Tampoco se disminuirá la cantidad de recursos que se utilicen para combatirlo.  Y es que ocurrirán dos fenómenos que son una constante en una economía de compra y venta para la ganancia. La actividad productiva de los narcotraficantes se dirigirá hacia aquellos sectores más rentables nacional e internacionalmente. La competencia entre los carteles de la droga se trasladará a otras ramas como la cocaína y las drogas sintéticas; la actividad económica relacionada con la mariguana se centrará sobre todo en la comercialización y el consumo; y la competencia por la venta no bajará. Tampoco habrá disminución de la violencia motivada por la disputa de mercados. Florecerá una industria clandestina no controlada, con mariguana “pirata”, de baja calidad. No se puede afirmar de manera contundente que la legalización incrementará la compra y el consumo. Esto dependerá de un conjunto de factores sociales, psicológicos, económicos y culturales. Pero también de la implementación de políticas públicas preventivas en el terreno de la salud. Aunque la tendencia actual es la del incremento en el consumo cada vez a una edad más temprana.

En condiciones de corrupción e impunidad como las que prevalecen en nuestro país sería complicado anticipar que esta legalización permitiría al gobierno mantener el control y la regulación de la producción con calidad y el comercio controlado de esta droga. Y aun cuando estas medidas posibilitarán ingresos económicos generados por los impuestos aplicados a estas actividades, no está garantizado que se destinen a atender las cuestiones sociales, psicológicas y de salud que se deriven del consumo en estos nuevos escenarios. Por ejemplo, nada garantiza que el consumo individual no traiga afectación a otras personas. Existe acuerdo que tanto la mariguana como el tabaco y el alcohol son tóxicas y generan dependencia. La diferencia radica en su grado de afectación en la persona. Esto se utiliza como argumento señalando que un producto menos dañino no puede mantenerse en la ilegalidad, mientras son legales la producción y el consumo de los dos primeros productos.

En lo referente a las características farmacológicas de la mariguana, se sabe que a diferencia de otras drogas, incluyendo algunas legales como el tabaco, ésta posee menor toxicidad y menor potencial de desarrollo de dependencia. Pero también habría que decir que el consumo de mariguana altera las funciones cerebrales como las de atención, memoria, juicio, planeación y resolución de problemas. Hay acuerdo en que a la mariguana también se le puede dar un uso medicinal y terapéutico (antiséptico, antinflamatorio, analgésico, antipsicótico, antiepiléptico, por ejemplo). Su legalización podría favorecer la profundización de estudios sobre sus funciones para la salud. Pero esto no está garantizado. Y esto, dadas las circunstancias de carencia de verdaderas políticas públicas de salud y un control eficaz de los recursos provenientes de la tentativa legalización. En este sentido, no se reducirán los problemas de salud generados por la legalización de la mariguana, sólo adoptarán otra modalidad. Por ejemplo, está por verse si la permisividad en el consumo de la mariguana llevará a los mexicanos a consumir otro tipo de drogas, por ejemplo la cocaína. Y es que la posibilidad del consumo y adicción a la mariguana, y la extensión del consumo a drogas más fuertes tiene que ver con la persona (genética y psicología) su trayecto social personal, su configuración cerebral y los contextos estructurales y culturales en los que se desarrolle.  Entonces, la legalización de la mariguana debería considerar todos los aspectos en sus múltiples dimensiones. Al  mismo tiempo debe acompañarse de los ordenamientos concretos, regulatorios de los centros de sus centros de producción, de la calidad de su producción y el producto, de las formas y los puntos de publicitación y distribución, la cantidad y los lugares de consumo, y el precio de venta y el tipo de consumidores (nacionales y extranjeros). Bajo estos criterios se puede dar respuesta al ¿sí o no? de la legalización de la mariguana.