Columna invitada

Enrique Alfaro y el reto de construir ciudadanía

Que alegría que el pueblo jalisciense haya abierto los ojos y decidiera un cambio para todos. Por fin Enrique Alfaro es ya presidente municipal de Guadalajara". Esta fue la expresión de una mujer cuando se confirmó el triunfo del candidato del Partido Movimiento Ciudadano. Miles de personas que votaron por él vieron realizado su sueño de colocar al PRI fuera del gobierno. Bajo el efecto alfarista la mayoría de la zona metropolitana de Guadalajara se pintó de color naranja. El hartazgo acumulado se tradujo en voto de castigo a las administraciones priístas. La experiencia de Tlajomulco y el cuasi triunfo por la gubernatura en 2012 favoreció el triunfo de Alfaro.

Hoy, meses después, se oficializa la toma de posesión del nuevo gobierno municipal. Aunque la transferencia de una a otra administración ha sido opaca, esto no he evitado que salga a relucir la herencia que deja el gobierno del priísta Ramiro Hernández: endeudamiento, nómina alta, aviadores, corrupción y una ciudad desfigurada por inseguridad, contaminación, baches, falta de servicios, crecimiento desordenado, ambulantaje, y un Mercado Corona con sobreprecio. Ante este panorama, no es nada sencilla la tarea que, como presidente municipal, enfrentará Enrique Alfaro.

Claro que deben ser bienvenidas medidas anunciadas, como la reducción de salario del presidente municipal y el rebajamiento de la nómina. También es aceptable la declaración de transparencia en bienes, impuestos y conflictos de intereses. Hay que reconocer como favorables esas auditorias que clarifiquen el estado que guardan ciertos proyectos de la administración anterior. Además, es de valorar que el equipo de gobierno se haya integrado, al menos, una activista social. Sin embargo, nada de esto será suficiente para cambiar el rostro y el corazón de Guadalajara si esto no se sostiene con una participación activa, constante y organizada de la ciudadanía.

Es emotivo, pero no es estratégica y políticamente alentador que las personas digan "Que dios lo acompañe en su gobierno para impartir justicia", "Alfaro será el corazón que haga latir verdaderamente a Jalisco", "Comienza el cambio", "Ojala nos ayude", "Con el gusto y la esperanza de que harás un muy buen trabajo en GDL", "Enrique Alfaro no nos quedes mal por favor", "no se olviden de nuestras calles", "Alfaro toda nuestra esperanza esta puesta en ti y mete presos a toda la bola de rateros corruptos", "Estamos contigo y apostamos por ti ....eres nuestro gallo......tu puedes", "Todos los tapatíos confiamos en que usted cambia y le dé un giro de 360 grados saludos", "Tenemos fe en que acabaras con los ratas", "Gracias por existir Alfaro", y hasta hay quien ya lo ve como candidato presidencial: "tienes mi voto para llegar a los pinos". Que se tenga una representación de este tipo en nada favorece ni a Enrique Alfaro ni a la visión de una mejor Guadalajara. Incluso, no es lo mejor que un ciudadano afirme que: "nosotros ya hicimos nuestra parte, ahora le toca a usted...". Como si el compromiso de un ciudadano fuera solamente emitir un voto, poner una calcomanía en el cristal del auto o presenciar un acto político. La tarea ciudadana es eso, pero también algo que va más allá de las elecciones.

Entonces, la llegada de Alfaro a la presidencia municipal no resuelve la disputa política por la ciudad. Gobernar no es asunto exclusivo de un personaje. Creerlo así sería tener una visión de fe en un mesías, un salvador, un profeta. A un presidente municipal ciudadano, debe corresponder un gobierno del mismo carácter, con participación ciudadana en los asuntos de gobierno. El gobierno de Alfaro tendrá la fuerza suficiente para enfrentar las presiones, los chantajes y los amagos de individuos, grupos, partidos opositores, instituciones y grupos fácticos de poder, si desarrolla estrategias que favorezcan la construcción de ciudadanía organizada en barrios, colonias, sectores, escuelas y centros de trabajo. Un partido y un candidato realmente ciudadano no sólo busca votos, sino que concibe su campaña como medio para construir participación y organización ciudadana. Nada de esto se hizo durante la campaña electoral de Alfaro, pero se tendrá que hacer ahora.

En el tiempo siguiente, se intensificarán os embates de los políticos opositores, las organizaciones criminales, los priístas desplazados y de los grupos afectados en sus intereses. La defensa, el fortalecimiento y la consolidación de un gobierno ciudadano sólo se podrá conseguir con respaldo organizado y movilización. El ánimo, el deseo y la esperanza de miles y miles de tapatíos no deben ser defraudados. Pero no se trata de otorgarles lo que la población pida, sino de favorecerle con las herramientas para que sean los ciudadanos y las ciudadanas mismas quienes construyan sus propias soluciones. Y usted ¿qué piensa?