Articulista invitado

Inseguridad escolar y urgencia de derribar los muros de la ignorancia

A partir de la tragedia en Monterrey, es notable el énfasis que se puso en proteger el espacio físico (centros educativos); sin embargo, se dejó de lado el digital, que se ha convertido en el lugar de convivencia de millones de niños y jóvenes.

Entre las múltiples declaraciones y reacciones que han surgido a partir de la tragedia en Monterrey por parte de funcionarios de gobierno, es notable el énfasis que se puso en proteger el espacio físico, dejando de lado el espacio digital que se ha convertido en el lugar de convivencia de millones de niños y jóvenes.

El presidente Enrique Peña Nieto señaló que se debe “evitar que en los centros educativos haya eventualmente espacios que dañen la formación de la personalidad y de carácter de los estudiantes”. En este sentido, las acciones predominantes han tenido que ver con protocolos de seguridad solo en el espacio físico; evidencia de ello la polémica revisión de mochilas.

Sin dejar de lado la necesidad de cuidar la integridad física del individuo, ni minimizar los sucesos terribles de Monterrey, es urgente reconocer que hay fatalidades silenciosas ocurriendo cotidianamente en las redes sociales entre la población juvenil que no logra tener el impacto noticioso de una agresión física. A pesar de que ya se habla con frecuencia de los aspectos más nocivos de las redes sociales, como el ciberbullying o el acoso sexual, es común que los padres de familia se preocupen por una salida vespertina al parque, pero no tomen en cuenta la verdadera dimensión de los riesgos en la jungla digital.

¿Cuáles son los riesgos latentes y los costos sociales al ser omisos a las dinámicas adictivas de los medios digitales? De los más de 9 millones de niños de entre 11 y 15 años que se habrán conectado a los medios digitales antes de que concluya este sexenio, ¿cuántas fatalidades físicas o socioemocionales tendrían que ocurrir antes de que se reconozca que es tan importante enseñar a conectar como a desconectar?, ¿ se requieren más tragedias como la del Colegio Americano del Noreste antes de que haya programas educativos especialmente orientados a este tema?

Y además de estas situaciones fatales, desde el contexto de los procesos de enseñanza aprendizaje es igual de importante analizar cómo se pueden perder las bondades educativas del hipertexto al caer en el extremo claramente manifestado de la hiperdistracción.

Tampoco podemos tomar a la ligera los fenómenos de la posverdad y las ecocámaras, conceptos surgidos del proceso electoral que culmina con el inicio de la era Trump y propagados en las redes sociales. En estos laberintos de subjetividad, en los que la mentira puede disfrazarse como hecho alternativo, ahora importa más la opinión que es condescendiente con una postura ideológica afín, casi de dimensiones dogmáticas, que la veracidad del dato sobre el que se debe anclar la búsqueda de la racionalidad científica.

No se debe requerir mayor inteligencia, que la que ofrece el sentido común, para saber que si no se impulsan estrategias educativas de acompañamiento para estos millones de alumnos que ya superaron la brecha digital, su inclusión digital podría ocasionar una costosa exclusión social. Al dejar que estos jóvenes cibernautas naveguen por las aguas turbias de los mares del contenido digital que les son accesibles, sin mayor brújula que la que ofrecen sus inquietudes y las apetencias propias de la adolescencia, habrá naufragios que inhibirán sus posibilidades de desarrollo académico y personal.

¿Qué implicaciones tiene para la tarea del docente que millones de alumnos estén inmersos en las dinámicas distractoras de las redes sociales? En particular, si una de las competencias indispensables del proceso educativo es la competencia lectora, debe ser una gran preocupación que la naturaleza distractora de los medios digitales impedirá el desarrollo pleno de esta destreza. Al hacerlo, habrá un impacto directo en el aspecto informativo y en el formativo.

Por los avances de la neurociencia, ahora es claro que el sentido de la empatía está estrechamente vinculado a las actividades que exigen concentración y atención sostenida, como la lectura sistemática; esta resulta en el desarrollo de la habilidad lectora indispensable para lograr la plena comprensión de los contenidos disponibles en cualquier medio, análogo o digital. Al promover una disposición a la lectura en sus alumnos, el docente cumple con una tarea informativa y formativa simultáneamente. Informativa, dado que sus alumnos podrán procesar el contenido a su alcance para lograr la extracción de significado, y formativa por el papel que juega la empatía en el desarrollo de sus competencias socioemocionales.

Sin empatía no hay condiciones para el desarrollo socioemocional, que es el cimiento del espíritu colaborativo. En su ausencia, se construirán muros que imposibiliten la integración comunitaria.

Pensando en que las inquietudes que motivaron las reflexiones de este texto se relacionan a la necesidad de tomar distancia ocasionalmente de las redes sociales, y su hiperestimulación adictiva, para reclamar el derecho al sosiego que plantea Federico Reyes Heroles en su libro Alterados, decidí desconectarme un día de todos los medios para no enterarme del inicio de la era Trump. No porque quiera desentenderme de la preocupante nueva normalidad que representa este suceso, ni claudicar por una sensación de impotencia ante una realidad inevitable. Al contrario, tomo el oxígeno que ofrece el silencio mediático para fortalecer mi pasión por impulsar modelos pedagógicos que garanticen que la educación, fundamentada en la ética, nunca deje de ser un recurso racional de esperanza. Este silencio lleva a una introspección que me sirve para intentar responder a las preguntas que Édgar Morín definió como saberes necesarios para la educación del futuro: ¿quiénes somos?, ¿cómo llegamos a ser lo que hoy somos? y ¿para dónde vamos?

Resulta que vivo en la colonia Héroes de Padierna, lugar de la última batalla antes que las fuerzas estadunidense llegaran al Palacio Nacional para declararse victoriosos en la Guerra del 47. Llegué a este barrio histórico a los 13 años, proveniente de Estados Unidos y por fortuna aquí logré encontrar la raíz que le dio sentido personal y profesional a mi vida. Al avecinarse tiempos turbulentos de polarización, pienso que es momento de dar la Batalla de Padierna 2.0, no para saldar la derrota, sino para encausar, desde la educación, un futuro de esperanza en el que la riqueza de nuestra vecindad con Estados Unidos será directamente proporcional a la fortaleza del sentido ético de nuestra relación bilateral.

Por ello concluyo esta reflexión con un mensaje para no dejar duda que es urgente derribar los muros de la ignorancia y librarnos de los laberintos de la posverdad para nunca dejar morir la esperanza.

Presidente Trump: If you insist on building the wall, I don’t know who will end up paying for it, but you can count on it that there will be many people of good faith, on both sides of border, committed to educating for a better world. Instead of building a wall founded on fear and ignorance, those of us who truly believe in the limitless value of the cultural diversity of this planet will always have a place in our hearts to build a stairway to reconciliation and a pathway to peace

*Director general de Edumundo 360, especialista en temas de educación, tecnología y desarrollo conceptual de recursos interactivos para el aprendizaje