Autonomía relativa

¿Han vuelto?

Hitler despierta en un lote baldío de Berlín en 2011. Por cuestiones del destino —palabra que para él era fe— acaba trabajando en la televisión como un imitador del Führer al que la gente toma por un cómico, pero, de alguna manera, está de acuerdo en los planteamientos que hace el que consideran imitador profesional con un asombroso parecido con el original. Se trata de la novela Ha vuelto, de Timur Vermes (editorial Seix Barral). Si bien es cierto que traer a determinado personaje de una época a la actual es un recurso muy usado, el intento de Vermes tiene su mérito, no en lo original de la idea, sino en las posibilidades del éxito de un discurso como el de Hitler en la Alemania del siglo XXI.

La novela tiene sus altibajos —cuenta con una portada sorprendentemente creativa—, pero deja en claro cómo las nuevas generaciones pueden tener un contacto cercano con el discurso radical. En Europa las derechas radicales van al alza. El discurso que manejan es antiinmigrante y radicalmente nacionalista.  Hitler, en palabras que le pone Vermes, dice que “las autopistas las seguían construyendo polacos, rusos blancos, ucranianos y otros trabajadores extranjeros…”; se queja de que “de nuevo había partidos y, por supuesto, el improductivo tira y afloja que infaliblemente traen consigo”. Tiene algunas frases notables, como: “Al adversario político hay que arrollarlo en el momento oportuno. No cuando no tiene nada que decir, sino cuando trata de decir algo”; “Ya se sabe la opinión que le merecen a uno nuestros periódicos. El sordo escribe lo que le cuenta el ciego, el tonto del pueblo corrige, y los compañeros de los otros periódicos lo plagian”; “Por otra parte considero el concepto de ‘buena prensa’ una contradicción en sí misma”.

En muchos países ha resurgido, desde hace unos años, el discurso contra los migrantes. No solamente es el Tea Party, en Europa es parte ya de un andamiaje de la retórica política. Por eso Vermes imagina el éxito de Hitler en la televisión y en YouTube, donde los jóvenes se divierten mientras asimilan el lenguaje: “Es verdad que el turco no es creador de cultura y también que nunca lo será. Que es un alma mercenaria cuyas facultades intelectuales, por lo general, no son superiores a las de un esclavo. Que el indio tiene una naturaleza de charlatán perturbada por la religión.” Este
tipo de discursos, que en una novela no sorprenden, parecen estar de vuelta en la vida cotidiana.

Pero el regreso del discurso y las actitudes del pasado no son solamente parte de la ficción novelesca. En México, de manera insospechada, ha regresado un discurso que creíamos sepultado en el pasado y que, a manera de bandera, sacaba a pasear López Obrador. Ahora, el gobierno de Peña Nieto y el PRI han retomado políticas y lenguajes de las épocas de la demencia del echeverrismo y de los delirios del jolopato. Hay en el discurso oficial un tufillo antiempresarial, un juego de los días del tercermundismo en las relaciones con América Latina, un falso distanciamiento “soberano” con Estados Unidos y al tiempo que cancela el desfile del aniversario de la Revolución.

Bien raro.

Los discursos que convencen “las masas”, normalmente, no conducen a nada bueno. Este gobierno parece jugar con eso. El problema es que no se sabe qué quiere y uno tiene que preguntarse —como lo hace Vermes en su novela— si Echeverría y López Portillo han vuelto en la equívoca persona del presidente Peña Nieto.

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala