Autonomía relativa

Por sus tuits los conoceréis

Twitter es una plaza pública sedienta de cortar cabezas, de verlas rodar. Insaciable, no deja pasar error alguno, puede ser un arma letal para el gobernante y un escudo formidable para el opositor.

Algo sucede en el gobierno de Enrique Peña que sus subordinados se la pasan muy contentos en el Twitter. Olvidan su condición de funcionarios públicos y hasta de representación presidencial y utilizan esa red social como si fueran jovencitos felices en la chacota tuitera. Es evidente una falta de control y seriedad en ese tema. Lo grave es que atraviesa verticalmente la administración. Puede ser que no se acostumbran a que ya están en el gobierno y que la campaña terminó; que ganaron hace dos años y que ahora el reto es otro, que su labor no es aplastar a los contrarios, sino gobernar; que el gobierno no es para las ocurrencias, que los puestos que tienen son importantes y que cuentan con una representatividad institucional. A lo mejor no se han dado cuenta de todo eso.

El Twitter, en particular, es una red social bastante traicionera y peligrosa para los políticos. Es una plaza pública sedienta de cortar cabezas, de verlas rodar. Insaciable, no deja pasar error alguno, puede ser un arma letal para el gobernante y un escudo formidable para el opositor. Es una red que destruye reputaciones en tiempo récord. Lo mismo de una cantante que de un  funcionario. No cesa, su voracidad no es saciable y un momento de debilidad o de estupidez puede acabar, de inmediato, con una carrera, una trayectoria.

Pero en el gobierno de Peña están en el relajo. Están felices. Mandan chascarrillos, sienten que pueden bromear respecto de quien sea —un opositor, otro país y hasta con la defensa de las propias instituciones—. No hay control, sienten que sus cuentas son personales y dicen los que se les antoja.

Ya hace unos días comenté en este espacio, la respuesta bobalicona y de mal gusto del vocero presidencial a AMLO con una mezcla de chistorete y desplante machista. Jocosón, el vocero presidencial se envalentonó retando a López Obrador a correr 10 kilómetros en el tiempo que lo hace su jefe, el Presidente. Quizá con ese ejemplo, el señor Alzati decidió defender al Presidente con amenazas e improperios. Ya es conocido el evento del recién cesado, pero no deja de llamar la atención su altanería tuitera. Cualquier mensaje que mandaba, según él en ardiente defensa de “su Presidente”, le marcaba copia a su jefe, el secretario Chuayffet, y al propio Peña. Uno puede imaginar que Alzati creía que ganaba puntos con sus jefes que podían ver en tiempo real cómo defendía “su área de responsabilidad”.

Independientemente de los del evento de la defenestración, una repasada a los tuits de Alzati deja en claro lo tranquilo que se sentía. Una mujer que enseña los pechos en el mundial, fotos de tragos al atardecer, diversa coctelería y frases de personajes célebres como esta de Mark Twain: “Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”. Parece que no aprenden ni de sus propios tuits.

Otro caso, muy llamativo, es el del secretario particular del presidente. El señor Erwin Lino, desde su cuenta, mandó un tuit en el que hay una foto con un avión con gente en el techo y dice: “Llegada de la selección de Honduras a Brasil”. Es, por supuesto, una majadería con ese país. Pero le ha de haber parecido  divertidísimo mandarlo. Lo que no se entiende es que se le olvide que es el secretario particular del presidente Peña. Lino dice que alguien hizo uso de su cuenta, con la expresión “ajeno a mí”. Que se la habían hackeado. Con la suerte que se la hackearon y le borraron el tuit del avión. Muy lindos los hackers con don Erwin.

Por lo pronto entre chistines y defensas de su jefe, parece que los peñistas se la pasan bomba. Por su tuits los conoceréis.

http://twitter.com/juanizavala