Autonomía relativa

El tema de la década

Uno de los grandes temas del momento es el destino de las llamadas reformas estructurales. En realidad no es del momento, es el tema de la última década. Es recurrente. Los gobiernos lo promocionan, los discursos las desmenuzan y anuncian sus ventajas y advierten los peligros de no tenerlas. Lo mismo da que sean las “reformas estructurales que tanto necesita el país” que anunciaba un gobierno, que las “de gran calado”, que anunciaba otro, o las de la transformación del país “en 120 días” que pregona el actual gobierno.

El único cambio respecto al tema es que los actores se cambiaron de lugar. Ahora, los que demandaban aprobarlas porque caería el apocalipsis estudian detenidamente si las aprueban o no, y los que no quisieron aprobarlas por juzgarlas innecesarias, hablan ahora de lo impostergable que resulta su aprobación ya que solamente por medio de esas reformas se podrá alcanzar el desarrollo. Por supuesto hay que tomar en cuenta que hablamos de casi las mismas personas que han apoyado y satanizado las reformas.

El caso es que estamos en el tema de la década y todavía no sabemos si se va a resolver. De tan llevado y traído el tema ya nadie se pone de acuerdo en cómo pueden ser más eficaces. Carlos Bravo, en un interesante artículo (Razón, 30/09/13), dice lo siguiente: Exagerar los beneficios que acarrearía la aprobación de tal o cual reforma hasta el punto de promoverla como si se tratara de un producto milagro, de esos que prometen curar simultáneamente todo tipo de dolencias u obtener resultados inmediatos sin hacer mayores esfuerzos, es una de las rutinas retóricas más desgastantes de nuestra conversación pública.

En efecto, la semejanza entre “reforma estructural” y producto milagro es el resultado de años perdidos. Por eso llama la atención que el PRI haya tenido la ocurrencia de armar foros sobre la reforma energética. Lo que le ha sobrado a ese tema son foros y lo que le ha faltado es decisión, pero esa parece ser la apuesta del gobierno: patear el bote, alargar el tiempo para ver si no hay manifestantes en las calles y entonces aprobarla en ese momento. Pero al parecer la industria de las manifestaciones se encuentra en su apogeo en estos días y los foros fueron abandonados por todos menos por sus organizadores.

Hay un producto milagro más en el ambiente. Se trata nada más y nada menos que el Pacto por México. Este producto, promocionado por el Vendedor del Año 2012, es lo que la política estaba esperando: el ungüento milagroso. ¿Que le molesta el Congreso porque ahí se les ocurre proponer iniciativas? Venga al Pacto donde se hacen las únicas y originales iniciativas, no hay de otras, no adquiera productos piratas elaborados por diputados o senadores. ¿Que no le gusta la discusión porque es una perdedera de tiempo? En el Pacto se decide, no se discute. ¿Que le molesta la oposición? Venga al Pacto, aquí todos pensamos —es un decir— lo mismo. ¿Que a alguien se le ocurrió pensar por sí mismo? No se preocupe, en el Pacto tal cosa no existe. El Pacto es el consenso total. ¡Al diablo la democracia! ¡Al carajo el Parlamento! Aquí tenemos opinión única. Pacto por México. Adquiéralo ya.

Independientemente del destino de las reformas, también se juega el destino el otro producto milagro, pero nadie sabe en qué va a terminar este bazar de soluciones políticas.

Twitter: @juanizavala