Autonomía relativa

Se siguen llevando el oro

El caso de OHL es un ejemplo del abuso. Abusa la empresa y sus directivos, los funcionarios y hasta los espías. No soy xenófobo, me gusta España. Estoy agradecido con esa legión que llegó a exiliarse y que enriqueció esta “vieja y nueva España”, como dice el poeta Garfias. Fuimos educados con la falsa y estúpida idea de que todo era un oasis antes de que llegaran los españoles a conquistarnos. Se nos enseñó que los conquistadores cometieron toda clase de abusos, se llevaron todo y no nos dejaron más que nuestra calidad de súbditos.

Sin embargo, el asunto en el que esta metido OHL le da la razón a la leyenda negra de los españoles. Todo indica que se trata de las famosas cuentas de vidrio, esa especie de canicas que los conquistadores intercambiaban por oro puro a los habitantes de Tenochtitlan. Actualizado el caso, la empresa española le ofrece al funcionario mexiquense pagarle unas vacaciones de 124 mil pesos a cambio de ganancias de decenas de miles de millones de pesos. El mexiquense estaba muy contento con lo obtenido, pues él solito ni siquiera podía hacer una reservación. Los españoles le ofrecieron tener un mayordomo durante su estancia, lo que hizo feliz al funcionario pues por algunos días dejaría su condición de esclavo.

Sabemos que la conquista no la lograron solitos los conquistadores. Contaron con el apoyo de quienes decidieron traicionar a los suyos y juntarse con los conquistadores: los tlaxcaltecas. Este papel está representado por el inefable José Andrés de Oteyza. Un hombre que no se ha cansado de dañar al país desde cualquiera de las trincheras en que se coloca, ya sean en el servicio público o el privado. Oteyza conoce al mexica Apolinar, lo lisonjea, le ofrece sus hoteles y a saber qué más. Habla de él como una “personalidad”. De esa manera sabe que el otro no se dará cuenta de que es dominado y corrompido por él.

Los “conquistadores” se ríen de su estafa. Saben que las cuentas de vidrio maravillan a los ingenuos locales. También hay quien quiere hacerla de Malintzin y ofrece sus servicios de traducción de los deseos de los conquistadores: el señor Gabriel Guerra.

En fin, todo se configuró en este caso para dar por cierta la leyenda negra: el conquistado abusivo, el local traidor, el esclavo que quiere ser amo, el ambicioso traductor, y las cuentas de vidrio con que engañan y corrompen a los autóctonos. En la Plaza México, cuando un torero español está haciendo una faena surge el grito nacionalista —que cabe exacto en el caso OHL—: ¡Se siguen llevando el oro!

http://twitter.com/juanizavala