Autonomía relativa

El segundo Informe ante el pensamiento grupal

En general, los informes son la misma cosa: un cúmulo de datos enmarcados en un discurso aburrido, justificatorio y triunfalista. Parece que no puede ser de otra manera. En eso sí, todos son iguales. El presidente en turno suelta números, cifras récord en todas las materias. Con construir un kilómetro de carretera ya se rompió el número alcanzado anteriormente, por eso todos nos informan de los enormes avances de su gobierno. Normalmente terminan con algo tipo “falta mucho por hacer”, “lo alcanzado no es suficiente” y cosas por el estilo.

Este segundo Informe de gobierno, el presidente Peña Nieto, aparte del alud de cifras, podrá presumir el cambio que significaron las reformas energética y de telecomunicaciones. No es poca cosa y no se debe escatimar el éxito político que significan y el económico que significarán. No bastaba la disposición de la contraparte, también se requería talento para detectar la crisis política y moral por la que atravesaban los partidos. Se halagó a sus liderazgos, se les promovió y se les prometió. Las negociaciones fueron un gran éxito para el gobierno, que obtuvo lo que quería sin pagar los costos y se dispone ahora a aplastar a sus ex socios que recibirán como pago a su abyecta colaboración, la exhibición, vía espionaje, de todos sus vicios y taras personales e institucionales como se puede apreciar en el espectáculo que ha comenzado hace unas semanas y que inundará de porquería el ambiente nacional.

Peña Nieto podrá anunciar lo que habrían querido hacer los últimos tres presidentes. No es logro menor. Pero eso no se ha traducido en simpatía y apoyo para el Presidente. El gobierno dice que al Presidente no le importan las encuestas. Nadie se lo cree. No hay encuesta que los ponga en una buena situación. Raymundo Riva Palacio citaba ayer en un texto (Eje Central 28/08/14) la encuesta del PewResearch Center en la que la desaprobación el manejo de la economía pasó de un 43% el año pasado a 60% en el actual. Dada esta situación resulta difícil que la gente le tome en cuenta su éxito reformista y su, según ellos, discreción comunicativa.

El mal resultado en los números, fruto del mal resultado en los bolsillos de los ciudadanos, provoca irritabilidad en el gobierno. Eso se nota en algunas reacciones desproporcionadas ante sus críticos. Por ejemplo, en la forma en que el conductor de televisión y director del FCE, José Carreño Carlón, contestó a quienes se atrevieron a cuestionar su intervención en una entrevista con el Presidente y la entrevista misma. Este hombre, que se rascaba la cara de manera maniaca mientras daba la palabra, no dudó en descalificar el uso que hacen los ciudadanos de las redes sociales, ya que él hace “esfuerzos por enriquecer en esos espacios los intercambios de información y argumentación” y la gente contesta con “bajezas, especulaciones y fanatismos”, a tan loable actitud. Con soberbia majadera califica a los críticos de tener “pensamiento grupal”, de “grupúsculos” y cénaculos virtuales” y de personas con ilusiones de “superioridad moral”, “pendencieros y perdonavidas”.  No hay que equivocarse: la irritación de Carreño mostró el humor y el talante gubernamental ante su segundo Informe y muestra ese resorte autoritario que anida en el priismo y que está de vuelta para acabar con el “pensamiento grupal” que no se parezca al suyo. Y eso que apenas va el segundo año.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala