Autonomía relativa

El reino de la imagen

La realeza es un asunto por supuesto lejano a nosotros; nuestra triste prensa rosa se compone de las andanzas de cantantillas y actorcetes, políticos que ascienden a una clase económica superior y hasta la vida sentimental del ex "subcomandante Marcos".

Las encuestas reinan pero no gobiernan”, esta frase que no recuerdo de quién es ilustra con claridad cuáles son los papeles de las monarquías hoy en día. Reinar no es gobernar. Limitada la esfera de sus decisiones públicas, la realeza —por lo menos la europea— ha sido relegada con el tiempo a ser una mera figura decorativa. Personajes de cuentos de hadas que gustan a sus súbditos (eso son los ciudadanos para sus monarcas) y les aplauden cuando van a algún evento, o los siguen con atención y fascinación en sus bodas, grandes eventos y su turbulenta vida romántica.

Las familias reales han terminado en eso: en ser la carne de la prensa rosa que la gente consume de manera voraz. No hay chisme real que no tenga éxito. Fotos que valen miles de euros, chismes que son acallados por cuestiones de Estado, escándalos que hacen ver a la realeza como una familia absolutamente vulgar por sus conductas. La realeza británica es parte de la vida y el chismorreo cotidiano en Inglaterra y lo mismo serán en Holanda y otros países con monarcas. Asuntos por supuesto lejanos a nosotros; nuestra triste prensa rosa se compone de las andanzas de cantantillas y actorcetes, políticos que ascienden a una clase económica superior y hasta la vida sentimental del ex subcomandante Marcos. Nada de Castillos ni ducados: no hay cuentos de hadas ni príncipes o princesas que mantener (solo gobernadores, diputados y demás personal) y los monarcas son un cuestionable equipo de futbol de Morelia.

Entiendo que haya muchos habitantes de los países con realeza que aborrecen esa institución. En España ya salieron los pejes de por allá a exigir una régimen republicano y terminar de una vez con la monarquía. En algunos aspectos les asiste la razón. Andar en pleno siglo XXI con temas tipo: cómo se pasa la corona, quién es de la familia real y quién deja de serlo, a quién le correspondería el trono en la línea sucesoria, la sangre plebeya, los condes y duques, son más bien temas de una película infantil que de un país como España sumido en una gran crisis económica, desempleo y un futuro inmediato poco menos que desalentador. Pero como bien dice Javier Cercas en un artículo ayer en El País, no ve cómo los problemas de empleo, salud y educación se resuelvan “sustituyendo por una república la monarquía”.

El texto de Cercas, autor siempre pertinente en cuanto se refiere al proceso democrático español, es esclarecedor en cuanto a la rabia contra el poderoso —motor que siempre se engrasa en este tipo de eventos— puede llevar de consecuencia: ignorar que los casi 40 años de reinado de Juan Carlos I han sido los mejores de nuestra historia moderna, los de mayor libertad y prosperidad, es simplemente ignorar nuestra historia moderna. Y esa ignorancia de nuestro presente puede devolvernos lo peor de nuestro pasado.

De cualquier manera, parece que las cosas no pasarán a mayores y en unos cuantos días los españoles tendrán nuevo rey, nueva reina y una nueva etapa del reino de la imagen comenzará en aquel país. Porque, en efecto, el tema del reinado es un asunto de imagen. Muy posiblemente a Felipe VI no le tocará tomar las decisiones políticas que sí tomó su padre. Pero también sabrá qué cosa no hacer, como las que también hizo su padre, para acarrear el desprestigio a su familia: imprudencia en su hobbies, amoríos de escándalo, corrupción de los familiares y desenfreno en el gasto. Su destino y su suerte dependen de su imagen. No es poca cosa para un rey en el siglo XXI.

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