Autonomía relativa

Más rebotes de la elección

Inevitable seguir con las rebotes de la elección. Poco queda que no se haya dicho sobre los resultados del domingo 7. Más allá de las sorpresas —el desplome de los partidos a escala federal y el regreso de las fuerzas locales o regionales—, hay algunas otras lecciones que no podemos hacer a un lado.

Se requiere una nueva ley electoral: los candidatos independientes no deben competir en esas brutales condiciones de inequidad. Los triunfos que han obtenido son ya la envidia en muchas partes del país que desean ver a los partidos lejos de la política y castigados por el voto ciudadano. Ponerles la cancha pareja es una obligación de los nuevos legisladores, los ciudadanos lo van a exigir.

Al mismo tiempo los partidos grandes tendrán que reflexionar por qué ninguno tiene 30 por ciento, por qué su votación es tan baja, por qué su rechazo es tan alto. Los partidos siempre dicen lo mismo, pero no se mueven. Son ya estructuras muy grasosas, llenas de intereses que les impiden moverse a una causa que no sea interna. Y eso es lo que se rechazó: que los partidos nada más ven para sí mismos. Cualquiera de los dirigentes de los partidos puede decir un discurso idéntico que nadie les va a creer. Traigamos frases muy socorridas en estos momentos: “Los ciudadanos nos han dado una gran lección”, “los partidos debemos interpretar correctamente lo que los ciudadanos nos quieren decir con su voto y es claro que es un castigo”, “lo que los ciudadanos nos quisieron decir es que estamos lejos de ellos.” Da igual quien lo diga, el del PRD, el del PRI o el del PAN. Dicen lo mismo y suena a lo mismo.

Otro elemento de las campañas que ya no funciona es el modelo de comunicación política que diseñaron nuestros brillantes legisladores. Se trata de un modelo basado en las prohibiciones y no en la libertad de decir, de informar, de tener preferencias, de señalar al de enfrente. Por eso no funcionan. Por eso lo que se movió fue el espionaje, porque de alguna manera  tienen que salir las cosas y cuando se prohíben, salen por algún lado y no siempre es el mejor.

Quienes siguieron el modelo de comunicación política que marca la ley perdieron cuando enfrentaron un modelo diferente. Es decir, lo que funciona es lo que va por otro canal —así como los candidatos independientes que representan el otro lado de los partidos—. Es claro que en varias entidades las redes sociales sí funcionan y funcionan más que la comunicación convencional. Ojalá cambien ese modelo retrógrado de comunicación.

La lección es clara: se puede ganar, sin spots, con poco dinero y sin partido. No es poca cosa para una elección.

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