Autonomía relativa

¿Todo con el poder de su firma?

Se ha desatado una fiebre por la firmitis. Personajes que salen en los medios de comunicación, básicamente opinadores, y otros que desean aunque sea salir en una foto, organizan recolección de firmas para determinada causa que ellos creen que debe tener una solución inmediata y a su gusto, porque para ellos es la máxima prioridad. Así, exigen que no se reforme una ley, que se le de un micrófono determinado a determinada periodista o que se le retire el registro al Partido Verde. La idea, como manifestación grupal, me parece muy buena, pero como mecanismo para decidir me parece preocupante y hasta peligroso.

Normalmente son causas que abanderan los más destacados representantes de lo políticamente correcto en el país. Opinar de manera contraria puede llevarlo a uno a ser mal visto por ell@s, que extienden cartas de buena conducta, legalidad y el bien pensar. No estar con este grupo te hace ver inmediatamente como “conservador”, “gobiernista”, “gato de Televisa”, “servidor de los poderes fácticos”, y sospechoso de toda serie de actividades que pueden ir desde tener amistades “sospechosas” hasta abierta colaboración con la regresión autoritaria.

De lo que hemos visto en los últimos meses, en una causa realmente notable se recolectan alrededor de 150 mil firmas. Las otras son de 140, o mucho menos. En lo personal, insisto, no me parece mal. Creo que el internet, las redes sociales, llevan a otras formas de organización y de protesta que deben ser tomadas en cuenta. No solo existen las marchas. Las firmas expresan un hartazgo, una condena, una protesta, incluso previa a la marcha. No es conveniente desdeñar este tipo de ejercicios. 150 mil firmas en torno a una causa específica, en un país donde la ciudadanía casi no opina, no es poca cosa.

Está bien desear la desaparición del Verde. Es un partido que a muchos nos parece nauseabundo. Pero quizá hay formas de llevarlas por el cauce institucional. En una discusión sensata e interesante en el programa Urna tras otra, Jacqueline Peschard y Jesús Silva pusieron sus argumentos sobre lo que piensan de ese partido y cómo se le debe sancionar. Peschard mencionó que se le debería quitar la posibilidad de aparecer en medios y dejar que los electores decidan el fin o no, de ese partido. Suena interesante. Nada sería el Verde sin los anuncios.

La cuestión es ir por los cauces institucionales, aunque nos desespere por la lentitud. La otra es recurrir a esa nueva forma de patíbulo que es “todo con el poder de su firma”. Y ahí no hay quien cierre la puerta.

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