Autonomía relativa

Los nuevos partidos

Hay nuevos partidos políticos. Como si hicieran falta. Ni hablar, así es nuestra democracia, un poco populista y demagógica, pero nos ha funcionado de esa manera. Resulta inevitable, cuando surgen nuevos partidos, pensar en el PARM y el PPS, que por años fueron satélites del PRI.

No me queda del todo claro el origen de los nuevos partidos, pero tampoco debería extrañarnos que haya uno de corte cristiano. Ahora en lugar de prestar sus huestes para apoyar otras candidaturas, lo hará con las propias. El Partido Humanista parece una contradicción en la que pueden caber los que quieran. El caso de Morena pues ya sabemos todos de qué se trata, para qué y para quién se hizo.

Hay una pregunta en torno a los nuevos partidos: ¿a quién le quitan votos? Es claro que ninguno de los nuevos va a lograr grandes porcentajes de votación (salvo el caso de Morena, que se lleva todos los votos que pertenecen a López Obrador y que no son pocos). Es muy posible que la estrategia de los partidos Humanista y Encuentro Social radique más bien en aliarse en determinados casos a cualquier partido y fungir como “bisagras” o partidos que toman una importancia decisoria a la hora de las votaciones legislativas.

Esta función de partidos pequeños, pero que cobran relevancia, se da en muchos lados. En un tiempo en nuestro país, por ejemplo, los legisladores del Verde recibían el apodo de los “diputados de oro” no por sus brillantes intervenciones ni por su conducta pública, sino porque su voto valía oro y en eso lo vendían. Así que estarán de regreso por San Lázaro el año que entra.

Lo cierto es que los nuevos partidos aprovechan también el desprestigio de los partidos grandes. De entrada, podemos decir que Morena le quita votos al PRD. Es absurdo que los perredistas lo nieguen. López Obrador representa, literalmente, un peligro para el PRD. Le va a quitar votos y más de los que piensan, si no en 2015, con seguridad en 2018. Andrés Manuel podrá tener muchos defectos, pero no podemos negar que es un político bien definido en su perfil público. Sus acompañantes son todo menos silenciosos, es gente aguerrida que no deja sin llenar ningún hueco político. Y eso le costará al PRD que no atina a definirse con claridad.

Otro partido que no se define es el PAN. Resulta inexplicable el silencio de su dirigencia respecto de la conducta pública y las declaraciones de algunos de sus militantes. El PAN ha perdido desde hace años las cualidades con las que se presentaba ante el electorado. Está desdibujado y no trae banderas. Las hace a un lado o las abandona. Lo peor ha sido esa mezcolanza irracional con el PRD. El PAN debe defender la libertad, la empresa, el individuo. Eso no lo hará el PRD porque no es parte de su esencia. Si el PAN gana algo en las alianzas, no será algo suyo. En los últimos años al PAN le importa más atacar al PRI que definirse a sí mismo ante los electores. Por eso su imagen es un desastre. Es como Brasil, que “jugaba bonito” como característica. Decidieron quitársela en afán de ganar y ahora  ni “juega bonito” ni gana partidos. Así está el PAN.

Ya sabemos a quién le quitan votos los nuevos, lo que llama la atención es que no surgiera ninguno que le quite votos al PRI, que seguirá tan campante.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala