Autonomía relativa

La nueva etapa del PAN

En su mensaje de la victoria en mayo pasado el reelecto presidente del PAN Gustavo Madero anunció una “nueva etapa” de ese partido. La promesa la cumplió a cabalidad en unos cuantos días. El reflejo de la “nueva etapa” del panismo se dejó ver esta semana, pero comenzó, precisamente, el día del triunfo de Madero.

Lo primero que hizo fue aniquilar a su compañero de fórmula, el joven Ricardo Anaya, que había realizado una sorprendente y efectiva labor como presidente del Congreso. Como Madero carece de cualquier credencial que tenga que ver con preparación, transparencia, astucia y hasta con el hablar fluido, requería de alguien que lo pudiera hacer por él. Ese papel lo cumplió Ricardo. Madero fue acusado de estar rodeado de personajes impresentables que brillaban por su falta de honestidad. Anaya era la cara honesta y pulcra que necesitaba. Anaya cumplió su misión.

A saber qué le prometió Madero a su compañero, pero lo dejó como secretario general para inmediatamente comenzar a pagar sus compromisos de campaña con puestos de primer nivel de los cuales ninguno reportará a Anaya. El, supuestamente, segundo a bordo del partido nada tendrá que ver ni con la estrategia, a cargo de otro cercano a Madero, ni con el mensaje o la propuesta. De esa manera, acotado por todos lados, Anaya dilapidó su brillante capital político para terminar metido en una alcantarilla en la que campean bribones y alienados. Ésa es la dirigencia panista.

El caso del senador jalisciense José María Martínez, que pontificó sobre lo que es y debe ser una familia, es todavía un escándalo, porque infiere quitar dignidad humana a quienes no piensan como él ¿Nada tiene que decir la dirigencia del PAN sobre el tema? ¿Qué piensa Madero sobre el asunto? No lo sabemos. ¿Cuál es la posición del CEN al respecto? No lo sabemos. Hay temas en los que es importante que el partido se pronuncie, porque sus electores tienen el derecho a saber qué representan los partidos. En la nueva etapa del PAN, su dirigencia vive escondida o por que le da miedo equivocarse o porque no sabe qué decir. Martínez por le menos tuvo el valor de decir lo que piensa, pero su directiva no.

En el voto de la ley de telecomunicaciones, Madero decidió poner a pelear en público a sus legisladores. Allá ellos con su voto, se desprende de lo dicho por el presidente del partido. Quería que los senadores arreglaran lo que él y su equipo negociaron y redactaron en el Pacto por México. Se desentendió para que nadie le reclame nada. La de la “nueva etapa” es una dirigencia que no tiene definiciones ni arropa a los suyos.

El caso de los panistas detenidos en Brasil tampoco ha merecido opinión de la cúpula partidista. Es un problema real de imagen del partido la que se da en este asunto (al igual que en la del senador Martínez). Por supuesto no infiero que es culpa de Madero la conducta de los militantes, pero le debe merecer algún tipo de comentario el comportamiento de los panistas. ¿Le parece bien nalguear a una señora y golpear al marido? ¿Le parece bien al partido que sus funcionarios abandonen sus trabajos para ir al Mundial? Nadie pide que los defienda o que los culpabilice, pero ¿no hay nada que decir sobre la conducta de sus funcionarios públicos? El gran problema es que los mexicanos ya creen que los panistas son capaces de todo. Más allá de lo que resulte jurídicamente, los electores ya se acostumbraron a ver a los panistas en escándalos. Y es el problema, el panismo representa el lodo en el que chapotea alegremente su dirigencia orgullosa de su “nueva etapa”, una etapa en la que no se diferencia del resto de los partidos.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

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