Autonomía relativa

El niño, sus regalos y el gobierno

El gobierno de Peña Nieto tiene ya todo lo que pidió para gobernar. Tiene las reformas que necesitaba en el plazo que lo dispuso. No hay pretexto para la falta de resultados.

Hay escenas que se repiten con los años. La del niño que pide regalos para jugar y realizar sus fantasías. El niño pide a Santa Claus y ve con alegría los regalos por la carta que dejó con sus deseos. Supongamos que el niño hubiera pedido un balón de futbol y está bajo el arbolito navideño.

—¿Qué te pareció el regalo que te trajo Santa?
—pregunta el papá con ilusión similar a la del niño.

—Está bien, sí era la pelota que quería. Pero creo que voy a necesitar una portería para meter gol, ¿o cómo le hago? —pregunta el niño con la mirada depositada en su padre.

—No te preocupes —dice el progenitor acomodándose en la silla—, en eso yo te puedo ayudar: vamos y compramos una pero, ¿por qué no se la pediste a Santa?

—Pues yo creí que se le ocurriría, digo, quién juega futbol sin portería. ¿Tú has visto un partido sin porterías?

—Pues no hijo, pero Santa no tiene por que andarse imaginando lo que quieres, por eso se le escribe la carta con lo que quieres, no con lo que él se imagine.

—Pues qué raro porque yo creí que conociendo a los niños…

—Bueno ya —interrumpe el padre—, mañana vamos por la portería.

Al día siguiente llega el papá con la portería, misma que se tarda tres horas en armar. Sudoroso dice al hijo que ya puede empezar a jugar y él mismo se pone como portero durante unos minutos para jugar con el niño. Poco tiempo después se asoma al patio donde el niño, sentado en el piso, observa fijamente la pelota.

—¿Ahora qué pasa, por qué estás triste? —pregunta el papá un poco exasperado con una copa tequilera en la mano.

—Es que así no se puede jugar —se queja el hijo.

—¿Por qué no? —repone el padre levantando la voz.

—Pues porque no tengo camiseta y no se puede jugar así, ¿o tu has visto un partido en el que jueguen sin camiseta? ¿Cómo sabes quién es Cristiano Ronaldo?

—¿Pero por qué no se lo pusiste en la carta a Santa? Tú pusiste que un balón y un juego de Nintendo

—¿Qué es Nintendo? —interrumpe el niño

—Digo, de Xbox y eso es lo que te trajo el gordo: un balón y un juego.

—¿Por qué le dices gordo? Además, se supone que Santa sabe que uno no puede jugar sin camiseta si no, no habría equipos, ¿o sí?

—No, niño, no. Pero qué quieres, ¿que Santa te traiga un árbitro? Porque no se puede jugar sin árbitros, ¿o sí? —inquiere el papá controlando su furia.

—No, pero yo creí que a él se le ocurriría porque lo de menos es la pelota, de esa tienen mis amigos pero la camiseta debe ser de uno, ¿no? Hasta tienen nombre en la espalda.

El papá abandona la discusión. Se oye un rechinido de llantas y está de regreso una hora después con una bolsa gigante. Se acerca al hijo y le saca dos camisetas, un traje y unos guantes de portero, unas tarjetas de expulsión, un silbato y un par de shorts.

—Bien hijo —dice el padre con tono triunfante— aquí tienes todo lo que pediste y un poco más para que puedas jugar la posición que tú quieras. Ahora no hay pretexto para no jugar.

Así como el niño consiguió todo lo que quiso y necesitaba para jugar, el gobierno de Peña Nieto tiene ya todo lo que pidió para gobernar. Tiene las reformas que necesitaba: la fiscal, la de telecomunicaciones, la energética en el plazo que lo dispuso y por los medios que consideró. No hay pretexto para la falta de resultados. Salvo que no sepan jugar.

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